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“EL TESORO
DE SOBREMONTE” El carruaje surcaba en forma intrépida y ligera él angostó camino de tierra, que a pesar de los días de lluvia anteriores parecía intransitable. El cochero sólo tenía la orden de parar si las circunstancias hacían peligrar sus vidas. Mas atrás, en la lejanía, la caballería resguardaba la seguridad de una figura que marcará a fuego el prestigio del Virrey. Unos días antes, el 22 de Junio había recibido la noticia que movilizaría la idea de una huida en caso de que todo fallase. La flota inglesa había sido vista ese mismo día dirigiéndose a la Ensenada de Barragan. Dos jornadas después simularon una maniobra de desembarco dirigiéndose luego a Quilmes, donde lo hicieron plantando la altiva bandera que se nutria en su historia de pedazos de naciones que se opusieron a sus dictados. Y el Virreinato lo había hecho manteniendo su monopolio comercial con la madre Patria. Londres dirigió la vista hacia otro lado cuando su almirante Pophan decidió sin consultar al Almirantazgo llevar a cabo la tarea de atacar Buenos Aires al enterarse por otros navegantes de que estaba mal defendida. Para entonces, Sobremonte ya tenía su plan armado. Ante el fracaso de la débil resistencia a los invasores, mandó a Liniers con tropas en su dirección. No estaba en su mente organizar la defensa de la ciudad quizás llegando a considerar que la misma serviría de botín de guerra a los ingleses mientras él escapaba con el tesoro real. Aprovechando esta situación, ordenó a la caballería permanecer a su retaguardia a los efectos de repeler su posible persecución. Junto a sus ropajes, llevaba un cofre de regular tamaño repleto de oro y plata como así también de diversas joyas donadas por las damas de la alta sociedad para la defensa de la ciudad. En un momento dado, ordenó a su cochero detenerse. Al bajar de su pomposo carruaje se aseguró que nadie lo observara y en una forma rápida bajó el cofre con parte de las joyas y dinero y procedió a enterrarlos en un lugar que ni siquiera su virtual sirviente pudiera observarlo. En instantes, ascendió al mismo y ordenó su rápido alejamiento del lugar dejando enterrado allí una suma millonaria en oro plata y joyas preciosas. Pero la fuga se hacía lenta en virtud de lo pesado del cargamento; en consecuencia decide dejar la parte restante en Luján. Sumaban 1.000.000 de pesos fuertes (equivalentes a 200.000 libras esterlinas) que a la llegada de los ingleses fueron capturados por éstos y enviados a Londres done fueron paseados con éxito y júbilo por sus calles el día 6 de Septiembre sin saber que para esa fecha, sus compañeros de armas habían sido derrotados en Buenos Aires. Hasta aquí es la leyenda del “Tesoro de Sobremonte” parte de realidad pero también de fantasía, ya que nadie puede asegurar que el Virrey haya enterrado parte del mismo en algún lugar y sí establecerse en cambio que estas riquezas fueron capturadas por el enemigo. Por lo menos así lo dictan los documentos de la época que por su parte también no pueden asegurar que esta “leyenda” no haya ocurrido realmente, como aquí está contada. Pero lo que es indudable, por cierto, es que el tesoro de Sobremonte ha despertado aún hoy a principios del siglo XXI el interés desmesurado por nuestra historia. Haciendo gala de exploradores improvisados, mucha gente nos parezca increíble o no, trata de emular a aquellos buscadores de tesoros que en el mundo entero rescatan para su peculio o el de las naciones, el patrimonio histórico aún desconocido para la mayoría. La certeza es que no faltan las preguntas con respecto a este tema y la imaginación vuela a dos mil kilómetros por hora, dando pie a relatos o testimonios históricos que a la luz científica de la Historia, no resisten el menor análisis. Pero esto no hace que se niegue la existencia de su leyenda y que realmente Sobremonte haya guardado para sí parte de este tesoro que estaría esperando que algún afortunado explorador se atreva a localizarlo. Lo que sí es seguro es que la riqueza de las personas radica en su imaginación. Esta leyenda es ejemplo fiel de lo sostenido por ellas. |