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ROSAS Y URQUIZA
Por el
Dr. Santiago Gosa

Cuando los argentinos comenzamos a escribir nuestra historia  surgieron antinomias  que  personificaron  el conflicto que surgió con respecto a la organización institucional  del Estado Nacional y la relación entre Buenos Aires y las  Provincias. Las figuras de  Rosas y  Urquiza surgieron como exponentes de ese conflicto según la interpretación de los historiadores.

Sin embargo  haber puesto énfasis  en las diferencias  que realmente existieron impidió  ver las  coincidencias, que surgen de las memorias  de sus contemporáneos  o de quienes investigaron  esta etapa de la historia nacional.
    Parece oportuno recordar el reencuentro  de ambos después de Caseros, unos de los aspectos más descuidados y menos difundidos de la relación entre ambos personajes históricos.


     A los dos caudillos el ambiente rural rioplatense y la herencia paterna los inclino  hacia la explotación ganadera y el procesamiento y exportación de tasajo, actividades que permitieron a Rosas  adquirir una buena posición económica propia y convertirse en “dueño de estancia al fin, señor de hacienda propia con buena letra y alguna lectura y el arte difícil de hablarle a cada  cual en su lengua” como lo describiera su sobrino  Lucio V Mansilla (1). Urquiza  en el litoral  llego a concentrar  un patrimonio nada despreciable  cercano al millón de hectáreas sumados sus campos en Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y la República Oriental  del Uruguay; ”un jefe y un patriarca valiente, temido y popular” según impresiones de Vicente Quesada. (2). También se debe señalar que el primer cargo público que ocuparon  ambos fue el de comandante militar de campaña.
    Los antiguos emigrados encaramados en el gobierno de la provincia porteña vengaron a los caídos  durante el gobierno de Rosas sometiendo al Restaurador  a proceso público y declarándolo “ reo de lesa patria”, claro, esta sin posibilidades de justa defensa por parte del acusado. Sus bienes muebles desaparecieron  sin darse cuenta ni razón documental  de su destino y los inmuebles pasaron a terceros, hecha excepción de Palermo convertido en paseo público. En carta a Rosas, Urquiza lamenta actos que calificaba como “... expresión de venganza y odios mezquinos (que) infaman al pueblo en que se cometen...”.El caudillo cambió el tono de la  carta para darle un sentido afectivo a la misma “... Yo y algunos amigos de Entre Ríos -escribía Urquiza al Restaurador – estaríamos  dispuestos a enviar a V. alguna suma  para ayudarlo  a sus gastos,... le agradecería que nos manifestase que aceptaría esta demostración de algunos individuos que más de una vez han obedecido sus ordenes. Ella no importaría  otra cosa que la expresión de buenos sentimientos que le guardan los  mismos que contribuyeron a su caída, pero que no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país, y a los servicios  cuya gloria  nadie puede arrebatarle, y son los que se refieren  a la  energía  con que siempre sostuvo los derechos a la  Soberanía e Independencia Nacional...”(3).

    Luego de Pavón los liberales porteños  lograron su  objetivo de conducir el Estado nacional. Urquiza se retira a su  provincia  y desilusionando  a sus partidarios  se subordina a la supremacía de Buenos Aires. En esas circunstancias  Rosas le envía a Urquiza  una carta  fechada el 17 de febrero de1862 que dice lo siguiente. ”Si  en la altura de su poder me le ofrecí –recordaba Rosas-, en la desgracia he de cumplir esos mis ofrecimientos; y le he de servir en todo lo que me ocupe, toda vez que no sea para conspirar contra el gobierno de mi patria, ni contra las personas que lo componen, aún cuando fueren mis enemigos.”(4)

    Años antes sin esperanza de recuperar parte de los bienes incautados, había debido abandonar la ciudad  de  Southampton  y se había recluido en una chacra  para solventar sus gastos con el trabajo diario que el estable cimiento producía. La ayuda pecuniaria  del amigo se hizo entonces efectiva  en la suma de mil libras  giradas por el apoderado del gobernador de Entre Ríos en Londres.
    Juan  Bautista Alberdi  embajador itinerante de la confederación Argentina  promovió tal vez sin proponérselo la relación epistolar entre Rosas y Urquiza  al trasmitirle sus impresiones personales  de una entrevista que tuvo con el ex Restaurador de las leyes, escribiéndole  desde Londres  al segundo “... Anoche conocí a Rosas... Su actitud respetuosa a la nación y a su gobierno nacional me ha hecho menos receloso hacia él... el espectáculo de la vida libre en Inglaterra le ha enseñado a conocer que se puede pensar en oposición con el gobierno sin ser enemigo del país y digno del cadalso... Al ver su figura toda “le halle menos culpable a él  que a Buenos Aires por su dominación,... Buenos Aires es la que pierde de concepto a los ojos del que ve a Rosas de cerca. ¿ Cómo a podido este hombre dominar ese pueblo a tanto extremo?...”  (5).
    De este intercambio epistolar posterior a Caseros surge que ambos dirigentes pese a sus grandes diferencias sobre la organización política e institucional del país se tenían un profundo respeto personal producto de valores compartidos, de un mismo origen social, de una similar educación y de un estilo patriarcal de liderazgo político.
 
1)L. V. Mansilla “Rozas” pag 28, Garnier Hermanos  Editores, París 1898
2) Vicente G. Quesada “Memorias de un Viejo”, Ediciones Ciudad Argentina, Buenos Aires 1998
3) Galvez Manuel “Vida de don Juan Manuel de Rosas”, Ediciones Trivium, Buenos Aires 1971
4) Moreno Alberto “ Correspondencia entre Rosas y Urquiza después de Caseros”, pag 202, edición del autor sin fecha.
5)Ricardo Rojas “La Literatura Argentina”,t III, pag 255, Buenos Aires 1920