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LOS
IMPERIOS AZTECAS E INCA
Los
aztecas: el pueblo cuyo rostro nadie conocía
Los investigadores denominaban Mesoamérica a la
región que abarca el centro y el sur de México actual parte Centroamericana.
En esta región vivían muchos pueblos con sus propias formas de organización.
Los aztecas, o mexicas, habían pertenecido a los pueblos nómadas del norte
fueron los últimos en establecerse en el valle de México.
Según cuentan sus propios relatos, a mediados del
siglo XIII, guiados por el dios de la guerra, Huitzilopochtli, emprendieron
viaje hacia el sur buscando mejores tierras. Durante el trayecto vivieron de
las caza y la recolección, deteniéndose solo ocasionalmente para cultivar
algunas tierras.
Cuando llegaron al valle de México, encontraron que
estaba habitado por diversos grupos, todos dominados por los tepanecas, a
los que se sometieron. Se asentaron en la isla de Tenochitlan sobre el lago
Texcoco y se dedicaron a la agricultura.

Alrededor de 1426 estallo la guerra entre los
tepanecas y los aztecas. Estos últimos triunfaron, con la ayuda de varios
pueblos, también sometidos. La victoria significó independencia y el
comienzo de sus propias conquistas. Se inicio así una época de cambios.
Dieron una nueva organización al ejercito que paso a estar conformados por
los soldados profesionales, al crear los grupos guerreros Águilas y Tigres,
y establecieron alianzas con los habitantes de otras ciudades.
En los años siguientes, por medio de la guerra, los
aztecas fueron dominados por numerosos pueblos entre ellos, totonacas,
huaxtecas, mixtecas y zapotecas.
Los grupos conquistados eran obligados a pagar
tributo, a adorar a Huitzilipochtli ya otros dioses de los aztecas, y a
jugar fidelidad y obediencia a las nuevas autoridades. A cambio, se les
permitía conservar sus propias tradiciones. Se calcula que el imperio azteca
llego a contar con una población de mas de 15 millones de personas.
Establecieron la capital en la ciudad de Tenochitlan,
cuyo nombre significa “lugar de la luna”.
De esta manera, en muy poco tiempo y a través de sus
conquistas, “el pueblo cuyo rostro nadie conocía”, llego a controlar toda la
región.

TENOCHTITLAN
La ciudad de tenochtitlan, en la isla del mismo nombre,
fue creciendo con gran planificación, dividida en cuatro barrios, cada uno
con sus templos y mercados. En los alrededores estaban los cultivos y las
casas de los agricultores y en el centro, la gran plaza con el templo, el
mercado principal y el palacio del jefe máximo. Tenia agua corriente,
llevada a través de dos acueductos que separaban las aguas dulces de las
saladas, puentes levadizos y terraplenes que la comunicaban con tierra
firme. Se calcula que esta ciudad llego a tener mas de 100 mil habitantes.
El merado principal era el te Tlatelolco; allí se vendían miel de caña de
maíz y de abejas, frutas, maíz, puerros, cebolla, cacao, legumbres ,conejos,
venados ,pescados, tejidos, colores para pintores, joyas de oro y plata, de
cobre, de piedra, de hueso, de caracoles y plumas. Tenían una calle donde
vendían animales de caza como águilas, halcones, perdices; calles de
herbolarios donde se vendían toda clase de medicinas; casas donde daban de
comer y beber a los visitantes, etc.
¿Como se hallaba conformada la sociedad azteca?
En la sociedad azteca no todas las personas
poseían los mismos derechos y privilegios. Claramente se diferenciaban en
dos grupos sociales: los pipiltin y los macehualtin.

Los pipiltin se decían descendientes de quienes
habían guiados a los aztecas en su viaje hacia el sur de México. Se
distinguían de los demás porque podían tener tantas esposas como pudieran
mantener, no pagaban tributos, se les otorgaban tierras en usufructo, podían
contratar trabajadores pasa cultivarlas y ocupaban los cargos mas importante
del imperio.
Los hijos de los pipiltin asistían a centros de
enseñanza superior llamados “calmecac”, donde se trasmitía el saber antiguo,
allí aprendían formas elegantes del lenguaje, himnos antiguos, poemas,
relatos históricos, religión, el calendario, astronomía, astrología y el
arte de gobernar.
La mayoría de los macehualtin, por su parte, eran
trabajadores; artesanos, comerciantes, agricultores, etc. Pagaban tributo,
integraban el ejército y prestaban servicios personales en la construcción
de caminos, puentes, templos, palacios o como cargadores de mercaderías.
En épocas de crisis, sus condiciones de vida
empeoraban, llegando, a tener que venderse como esclavos por algún tiempo.
La condición de esclavos no era de por vida y no afectaba a sus
descendientes. Pero los amos podían disponer de la vida de los esclavos y
ofrecerlos para los sacrificios rituales.
Todos los macehualtin pertenecían a alguna de las
unidades de población o grupos denominados “calpulli”, que agrupaban a los
descendientes de un mismo antepasado.

¿Quiénes ejercían la autoridad?
Quien ejercía la autoridad entre los aztecas era el
jefe supremo, al que llamaban Huey Tlatoani. Era jefe del ejército, máxima
autoridad religiosa, juez y señor que nadie osaba contradecir. Su cargo era
electivo y no por sucesión hereditaria.
La elección la hacían los pipiltin que integraban
el consejo de electores. La decisión tenía que ser unánime, por lo que
pasaban varios días deliberando hasta que elegían a quien representaba mejor
sus intereses.
Un consejero o ayudante sustituía al jefe supremo
en su ausencia o muerte presidida el consejo de electores y el Tribunal
supremo, que administraba la justicia y pronunciaba sentencias que no podían
ser anuladas por otras autoridades.
Existían, también, un funcionario denominado Tlatoque,
encargado de recaudar los tributos de los pueblos sometidos. Generalmente
era un gobernante anterior de esos mismos pueblos, que prometía fidelidad y
obediencia a los aztecas.

La organización del
capulli
Cada calpulli tenia
sus propias autoridades; un jefe o calpulleque, que se encargaba de la
subsistencia de la comunidad; un sacerdote, un tesorero, un consejo de
ancianos, y un pintor de libros, que guardaba los registros con información
sobre quiénes poseían tierras, el monto de los tributos que debían entregar
y la historia del grupo.
Para administra a los calpulli, el jefe supremo
nombraba un teteucin encargado de cobrar los tributos.
¿Cuáles eran los principales actividades económicas?
Después de vencer los Tepanecas, los aztecas
distribuyeron las tierras hasta entonces en poder de toda la comunidad.
Enormes extensiones quedaron en poder del jefe supremo y de los pipiltin.
Luego de reservar una importante cantidad de terrenos para el
establecimiento de los palacios para los gobernantes y para la construcción
de templos, el resto de las tierras fueron asignadas a cada uno de los
calpulli para que las trabajaran.
La principal actividad económica de la sociedad azteca
era la agricultura. Obtenían de ella productos alimenticios, hierbas
medicinales y algunas flores. Algunos terrenos se destinaban, también, a la
plantación de árboles.
Conocían diferentes técnicas agrícolas, practicaban
cultivos estacionales, utilizaban diversos tipos de fertilizantes y sistemas
de riego.
Los productos artesanales era muy valorados por la
sociedad azteca, y desarrollaron especialidades como cestería, alfarería,
curtiembres, producción de papel, joyería, escultura, orfebrería.

El
intercambio de la producción
La producción no
consumida por los mismos productores, eras ofrecida en los mercados,
denominados tiaquiz. Estos existían en las principales regiones del imperio.
Tenochtitlan tenía cinco, y el principal funcionaba cada cinco días en
Tlatelolco, en el norte de la ciudad. Estos mercados estaban organizados en
manera tal que cada producto ocupaba un lugar especifico. En ellos podía
encontrarse de todo: hierbas medicinales, aves (perdices, pavos, palomas),
cacharros, telas, sal, tabaco, cuchillos de piedra, papel, pescados fresco
joyas y fibras de manguey. También había un lugar donde se ofrecían hombres
y mujeres, que se podían adquirir como esclavos.
Los mercados, o pochtecas, gozaban de muchos prestigio
dentro de la sociedad azteca. Se encargaban de intercambiar productos muy
codiciados como el jade, esmeraldas, perfumes, plumas y vainilla para
aromatizar las comidas. El intercambio de bienes económicos se hacía en
forma de trueque, es decir, un producto por otro. Cuando se consideraba que
algunos de ellos eran mas valioso que aquello que se ofrecía en canje, el
valor se contemplaba con granos de cacao o polvo de oro guardado en canutos
de plumas. Estos bienes cumplían una función parecida a la que cumple el
dinero en la actualidad, inexistente en la economía azteca.
Además del intercambio de productos, los mercaderes
cumplían otras funciones, como, por ejemplo, realizar préstamos, aconsejar
en temas económicos a los gobernantes, recaudar tributos y algunos, llegaban
a comerciar en nombre del jefe supremo. Debido a los constantes viajes que
realizaban, muchos pasaron a actuar como espías, explorando nuevos terrenos
y transmitiendo toda la información necesaria para el desarrollo de futuras
campañas militares.
¿Cómo
interpretaban el mundo?
Después de la victoria sobre los tepanecas, el grupo
gobernante azteca decidió quemar los códices antiguos. En los nuevos códigos
se destacaron la importancia y la grandeza azteca, considerándose elegidos
para colaborar con los dioses.
Los aztecas creían que habían existido cuatro edades,
o “soles”, previas a aquella en la que ellos vivían. Cada una de estas
edades había sido destruida por el cataclismo, posibilitando que las
siguientes desarrollaran formas de vida más evolucionadas. Así, en la
primera edad o “sol de agua”, los hombres habían sido creados de ceniza y,
destruidos por el agua, se convirtieron en peces; en el cuarto sol, los
hombres se transformaron en monos.
Los aztecas vivían en el quinto sol, o “sol de
movimiento”, en el que habían sido creados el hombre y el maíz. Pensaban que
de ellos dependía que el universo siguiera existiendo, porque, si el sol no
se alimentaba, no tendría fuerza para mantenerse vivo. Para evitar la muerte
del sol, realizaban constantes sacrificios humanos, ofreciendo la sangre a
los dioses, porque creían que ella les proporcionaba la energía vital.
En su forma de interpretar el mundo se reflejaban
también dos preocupaciones fundamentales: el cambio de “las cosas” y la
muerte. Pensaban que todo lo que rodea al hombre, lo que es hermoso y bueno,
como las plumas del Quetzal, las doradas mazorcas del maíz, los rostros y
corazones de amigos, estaban destinados a cambiar y terminar; por eso
valoraban la creación artística como medio para superar la angustia que
ocasionaba el fin de las cosas.
En la
poesía reflejaron estos pensamientos:
“Para que no andemos siempre gimiendo,
para que no estemos saturados de tristeza,
el señor nuestro nos dio a los hombres
la risa el sueño, los alimentos,
nuestra fuerza y nuestra robustez
y finalmente el acto sexual,
por el cual se hace siembra de gentes.
Todo esto alegra la vida en la tierra,
Para que no se ande siempre gimiendo”.
Códice florentino,
libro Vi Cáp. XVII, folio 74 v.
FUENTE DOCUMENTAL:
Moglia Patricia, Sislián Fabian, Alabart Mónica PENSAR LA HISTORIA
Editorial Plus Ultra. Bs. As. 1997.-
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