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El poblamiento humano en el Valle del Ebro, data de miles de años. Culturas desaparecidas y soterradas cuyos vestigios nos hablan de su vida y costumbres.
Los hombres de la Primera Edad de Piedra (Paleolítico) vivían en cuevas y crearon utensilios para cazar. En los yacimientos riojanos (Badarán - Villar de Torre) se han hallado hachas de mano de silex y puntas de flecha.
En el Neolítico el descubrimiento de la agricultura provoca la sedenterización del hombre y los primeros asentamientos habitados. Los primeros agricultores y pastores desarrollaron la cerámica de la que tenemos buenos ejemplos en los yacimientos de Nalda, Agoncillo y Viguera con ejemplos con decoración lisa o campaniforme.
En esta época se realizan prácticas funerarias que dan lugar a monumentos megalíticos con los dos dólmenes de Peña Guerra (Nalda), el de la Unión , Clavijo, etc...
El siguiente paso del hombre dio lugar a la Edad de los Metales que en La Rioja se manifiesta en restos del Bronce Final (Cueva Lóbrega de Torrecilla en Cameros, etc...). Así mismo existen restos de la Cultura del hierro, tanto armas como efectos decorativos.
En la 2 Edad del Hierro La Rioja es habitada por pueblos tribales: Los Berones, de cuya cultura nos quedan restos en el Monte Cantabria, San Miguel de Arnedo, Libia (Herramélluri), Castrum Bilibium (Haro), Tricio y Varea, los Vascones establecidos en Calagurris e Ilurcis-Graccurris (Alfaro) y los Pelendones, míticos habitantes de Contrebía-Leukade.



Contrebia-Leukade constituye uno de los mejores ejemplos de urbanismo celtíbero de la península. Fue una plaza inexpugnable que resistió más de cien años los ataques romanos. Entre sus restos destacan su sistema defensivo compuesto por foso y murallas y el sistema de abastecimiento, diseñado con canales y pozos para soportar asedios.