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Charla realizada en el Ateneo Historia y Verdad el 08 de Agosto del 2003

LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN SAN NICOLÁS DE LOS ARROYOS ANTES DE LA CREACIÓN DEL CONSEJO ESCOLAR.
Por
Santiago Chervo
 

            No existen muchos antecedentes de la educación  durante el período colonial en San Nicolás,  pero no por ello debemos considerar   que no existía ese derecho fundamental  en nuestra región.
 
            Según describe el historiador José Emiliano De la Torre,
(1905-1981),   los nicoleños que querían cursar estudios,  en la segunda mitad del Siglo XVIII,  y estaban en condiciones de financiarlos,  que eran pocos,   generalmente los hijos de  terratenientes,  debían viajar a Buenos Aires,  o hasta  el lugar  denominado Rincón de San Pedro,   distante 14 leguas de San Nicolás,   donde funcionaba el único establecimiento de educación de esta región,  el Colegio de los Frailes Recoletos,   que recibía alumnos del norte bonaerense.

            El convento de los frailes franciscanos recoletos,  había sido construido en 1748,  frente al Río Paraná,   constituyendo el inicio de la población  de la hoy ciudad de San Pedro.

            Un hijo ilustre de San Pedro,  Fray Cayetano Rodríguez,
(1761-1823), líder patriota, religioso y político, estudió en ese convento,  donde funcionó una escuela elemental,  y con posterioridad,  aulas de latín y retórica. 
            Fue precisamente Fray Cayetano Rodríguez,  luego docente, uno de los más influyentes maestros que tuvo Mariano Moreno,
(1787-1811),  cuando estudiaba en el Colegio  de San Carlos.
            Ambos participaron  en los movimientos revolucionarios de mayo de 1810, y a  instancias de  Moreno, Fray Cayetano Rodríguez, fue elegido luego como primer director de la Biblioteca Pública.

            Ha sostenido,  el Prof. Marcelino Marcatelli, que en medio de la soledad y de las distancias, muchas veces insalvables,  las parroquias cumplieron,  a manera de las antiguas abadías y templos de la Edad Media,   no solo una tarea civilizadora, sino una verdadera función docente, al inculcar las primeras letras.

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             A mediados del Siglo XVIII,    en San Nicolás,   pocos vecinos sabían leer y escribir, quienes podían hacerlo,  eran precisamente sacerdotes,  y allí están, desde 1749,  como prueba, los libros de nuestra Catedral,  testimonios de esos días,  donde se registraban los  bautismos,  los casamientos, y las defunciones  de los primeros nicoleños, que hoy podemos observar.
            Del Siglo XVIII existen antecedentes,  fechados en 1774,  cuando la Junta Municipal de Santa Fe, dispuso la instalación de una escuela en la Capilla de San Nicolás,  recayendo la designación en la persona de Manuel Ugarte.
 
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            Diez años después, en 1784, el militar español del siglo XVIII, Melchor de Echagüe y Abadía,  siendo  teniente gobernador de la zona de la Villa del Rosario y costa del río Paraná, que abarcaba desde San Lorenzo hasta el Arroyo del Medio, cuando designaba maestros,  disponía que : 

 “siendo tan recomendada la disciplina de la primera ciencia,   a saber,  leer, escribir y contar,  por el Soberano,  en la puerilidad, de que resultan los bienes temporales  (a más de los espirituales),  de hacerse los niños capaces,  en el humano lícito comercio,   y resultar de esta disciplina,  la habilidad de desempeñar las obligaciones futuras de policía y guerra,  (pues ape­nas se halla a quien encargar los negocios),  ordenamos,  que dicho nombrado maestro,  pida,  a los pa­tronos eclesiásticos y secular, formen discurso de los niños de siete para doce años,  en el distrito de su jurisdicción,  y formando nómina de los de esta intermedia edad;     compela,  con todo rigor de dere­cho,   a los padres y madres, a que concurran a la escuela,  sin admitirles excusa,  ni recurso alguno,  a menos que hagan constar hallarse en otras escuelas aplicados,   por certificación de sus preceptores,   y encargamos,  a los señores patrones,   el singular cuidado,  y administración de justicia,  que les confe­rimos a prudencia”.
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            Quien firmaba este documento, Melchor Echagüe y Abadía, era un antecesor de Melchor Echagüe  (1824-1896),  cuyo nombre lleva hoy nuestra Escuela Nº 1, en homenaje a quien fuera el primer presidente del Consejo Escolar de San Nicolás,  propulsor de la educación pública.
            En un trabajo del profesor Marcelino Marcatelli, publicado en 1971, se detalla un acta del extinguido Cabildo de Buenos Aires,  del 14 de noviembre de 1788,  que dice:  “Son infinitos los que viven en la campaña,  que ignoran la doctrina cristiana  y los principios de la religión,  y no es menos lo que se padece,  con la mucha ignorancia que se acompaña,   por no saber leer ni escribir;   por no haber,  en las parroquias,   escuelas públicas,   donde se les enseñen estas cosas” 

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 II-   De 1810 a 1851.

            Cuando  Mariano Moreno, en 1810, ordenó crear la Biblioteca Pública, y puso al frente a su  ex maestro,  Fray Cayetano Rodríguez,  expresaba  sus quejas  contra las autoridades virreinales,   porque no habían  hecho nada  por la educación de la juventud,   expresando que el nuevo gobierno,  que había nacido el 25 de mayo de 1810,   se veía en la difícil situación  de crearlo todo.
            De ahí el propósito de crear la Biblioteca Pública ,   para llamar a los hombre sabios y patriotas,  que reglando un nuevo establecimiento de estudio, adecuado a nuestras circunstancias,  pudiera formar el plantel que debía producir,   algún día,  hombres que fuesen  el honor  y la gloria de nuestra patria.

            En
Junio de 1817,  un personaje, oriundo de Tucumán,  Juan Luis Pérez,   aparece solicitando una licencia  para abrir una escuela en San Nicolás,  y el Cabildo de Buenos Aires se la concede,  con la condición de que debe tomar intervención el entonces Alcalde de la Santa Hermandad, de nuestra ciudad   Don Faustino Sánchez.
            El 23 de noviembre de 1819,  fecha inolvidable para los nicoleños,  porque ese día el Congreso General Constituyente le concedió a San Nicolás su título de ciudad,  fue nombrada una comisión integrada por
José Cayetano Benegas,  el alcalde Tomás Ortega  y el cura párroco Miguel García, para organizar una escuela pública, y arbitrar los recursos para su funcionamiento, disponiéndose recaudar como tasa, para subvencionarla, un real, por cabeza de ganado de abasto  público.

           
La escuela de 1819, no funcionó,  a raíz de la caída del Directorio,  tras la Batalla de Cepeda,  en 1820,  que impidió la instalación del Cabildo de San Nicolás,   en cuyo edificio se iba a incorporar.
            Por ese motivo se considera,  que la primera escuela del Estado,  la actual  Nº 1 de San Nicolás,  se creó durante el gobierno de
Martín Rodríguez,  en 1823,  es decir que tiene 180 años
            La escuela  impartía enseñanza a los varones,  de acuerdo al decreto del 8 de febrero de
1822,  originado por el Departamento de Primeras Letras,  un organismo dependiente  de la Universidad de Buenos Aires,  cuyo plan de estudios se limitaba a lectura, escritura, las cuatro operaciones, y la doctrina cristiana.


            El historiador José de la Torre, ha publicado, como Apéndice V, de su “Historia de San Nicolás”,   un decreto que indica,  que con  fecha
28 de octubre de 1824,  siendo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Gregorio de las Heras,  se destinaba una suma de dinero para la construcción de nuestra  escuela Nº 1,  y nombraba una comisión integrada por el Juez de Paz, José Nuñez, y los vecinos Mariano Ruiz y Prudencio Dolz,  para que se encargasen de la misma.
            Esa  Comisión,   en lugar de construir un nuevo edificio,  aconsejó la compra de una propiedad adecuada para establecer la Escuela,  y ésta comenzó a funcionar en la hoy calle Sarmiento Nº 72, frente a la Plaza Mitre,   desempeñándose como docente   José Vicente Rodríguez

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En 1825, siendo rector de la Universidad de Buenos Aires el Canónigo Antonio Saenz, se crearon Juntas Inspectoras de Escuelas, cuya misión era controlar los establecimientos educativos  sostenidos con fondos públicos,  vigilar el estado de los mismas,  hacer que los maestros cumplieran sus tareas y horarios,  y llamar la atención  de los padres,  que pudiendo hacerlo,  no enviaban sus hijos a estudiar.      También  la Comisión  debía vigilar  que los preceptores   no vendiesen,  a los discípulos pobres,  el papel que se les enviaba para repartir.  
            El 
9 de marzo de 1825,
 la Junta Protectora de la Escuela,  elevó una nota a la Universidad,  de la que dependía,  informando que la Escuela de primeras letras  estaba abandonada por su maestro José Vicente Rodríguez,  originando el ocio y la falta de educación,  entre sus alumnos y por ello solicitaban la destitución del maestro,  y su reemplazo.
             A raíz de esta nota se nombró como reemplazante al maestro Pedro Brid, quien el
14 de septiembre de 1825, informaba a sus autoridades que había hallado la escuela en total estado de abandono;  que los alumnos,  apenas una docena de ellos,  concurrían verdaderamente a estudiar,  y que los demás  iban a la escuela  como si fuesen a un paseo,  y que el ex maestro José Rodríguez, a quien calificaba  como un personaje entregado a los vicios, ebrio y prostituido,.  había procedido a  abrir una escuela particular.
    En  febrero de 1827,  la disputa entre los dos maestros continuaba.  Brid informaba, que habiendo implementado un nuevo método,  un  sistema de mutua enseñanza,  tuvo como resultado  que todos sus alumnos  le fueran retirados  por sus padres,   y enviados a la escuela  privada de Rodríguez.
            Éste, para su beneficio,  había hecho correr la noticia  entre el vecindario,  que el nuevo  sistema educativo,  era masónico y hereje,  y que los niños se iban a retrasar,  en vez de adelantar.

            El 
9 de junio de 1827,  un funcionario decía que Brid  no solo debía ser destituido,  sino también  privado de regentear establecimientos de educación,  por haber implementado ese nuevo método de enseñanza mutua.
            Se lo acusaba a Brid  de mala atención de la escuela,  porque estaba situada al lado del cuartel y la cárcel, donde se almacenaban municiones, y  se hacían prácticas militares, pero fundamentalmente  porque Rodríguez había hecho cundir  la noticia que el nuevo sistema de enseñanza   estaba originado en la masonería.   Por ello el  sacerdote  Bonifacio López de Heredia,  había aconsejado el hecho de pasar a los alumnos de la escuela del Estado,  a la escuela privada,  de José Vicente Rodríguez.

            Este había sido destituido, en 1826, un año atrás, acusado de vida disoluta,  ebrio y prostituído, pero se lo prefirió como maestro,  en reemplazo de Pedro Brid,  a quien ahora se lo acusaba de implantar un método masón y hereje, que se oponía a lo que creía  y proponía la iglesia católica.

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            En los años finales del siglo XVIII se utilizaban  dos sistemas de enseñanza:  el simultáneo, que consistía en formar grupos de niños,  según su grado de cultura,  que se usaba generalmente en las escuelas  con clases numerosas,   y el sistema individual,   donde el Maestro trabajaba con cada alumno en particular,   y se aplicaba en escuelas privadas.  

            Joseph Lancaster, (1779-1838), un pedagogo inglés, había creado  el Sistema Educativo que lleva su nombre, el Lancasteriano, que consistía en hacer  que los alumnos mayores,  llamados monitores,  pudieran enseñar a los menos adelantados, bajo la supervisión  de un maestro, que así podía instruir un gran número de niños.   Un adelanto pedagógico,  que significaba  una mejora en la organización interna de las escuelas.
            Este sistema fue introducido en Sud América en 1818,  y  funcionaba bajo un régimen severo de premios y castigos para mantener la disciplina.

             Los salones de la escuela Lancasteriana tenían un aspecto particular, eran amplios, con una plataforma al frente donde estaba el asiento del Preceptor.

            Luego hileras de mesas con 15 o 20 lugares cada una;  en un costado el atril del monitor;   y las tablillas con las muestras de escritura a lo largo, y a los lados de las paredes, series de hemiciclos, a cuyo alrededor se repartían los grupos de niños.
            Sobre las paredes un pizarrón para cálculos, al que estaban suspendidos los cuadros de lectura y gramática;   al lado, y al alcance de la mano, la regla con la que el Monitor dirigía la lección.
            Al fondo del salón,  la cátedra del Maestro, que ayudado con la voz,  regla o silbato, vigilaba las mesas  y ordenaba trabajos.  Los cambios y movimientos eran ejecutados con puntual exactitud.
            Las escuelas lancasterianas mejoraron los métodos antiguos de instrucción individual, que permitían excesivo ocio e indisciplina a los alumnos;   exigía una disciplina rígida,   y popularizaba la idea de escuela de adiestramiento para maestros.

            El maestro Brid implantó este método en San Nicolás en 1827,  y por ello fue acusado de  masón y hereje.    Distinguidos vecinos de nuestra ciudad habían manifestado,  por escrito,  certificado por el Juez de Paz,  que de la conducta del maestro jamás habían notado vicio alguno que mancillase su honor,  y la estimación pública;  ni menos faltar al compromiso de sus obligaciones. Por ello lo apoyaban en sus acciones.  No obstante esta defensa,   Brid fue separado de su cargo.
            Debemos recordar que el introductor del sistema lancasteriano en Buenos Aires, implantado en nuestra ciudad por el maestro Brid, fue
Diego Thompson,  perteneciente al culto protestante.

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            En abril de 1826,  por Decreto del Presidente Rivadavia,  se crearon Escuelas de Niñas en San José de Flores,   Chascomús  y  San Nicolás de los Arroyos,  y  Mariquita Sánchez de Mendeville,  de la  Sociedad de Beneficencia,  fue la encargada del establecimiento de las mismas.
            Para garantizar el funcionamiento de las escuelas  se nombraban representantes locales en estas ciudades, y en San Nicolás,  la Directora de la escuela de niñas fue
Ana Vélez de Estrada,  cuyo nombre hoy lleva una calle que nace en la zona norte de la ciudad,  en el Barrio Alto Verde,  que era la esposa  del entonces Juez de Paz de San Nicolás,  Mariano Estrada.

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             En marzo 1830 el Gobernador Juan Manuel de Rosas,  recorría la campaña de Buenos Aires, y a su paso por los pueblos,  tratando de mejorar la organización de los mismos,  dedicaba su atención al estado de las iglesias y escuelas.
            En San Nicolás,  Rosas se reunió con Pedro Ferré, Gobernador de Corrientes  y
Estanislao López,  Gobernador de Santa Fe, y representante de Entre Ríos.   Nuestra  ciudad tuvo así,  el honor  de ser la sede previa del Pacto Federal,  que se llevó a cabo el 4 de enero de 1831,  por el cual se intentaba constituir una entidad política superior,  la futura República Argentina, en la que quedaban ligadas las provincias autónomas. 
            En la “Memoria” que la señora María Sánchez de Mendeville,  escribió en enero de 1831 existen constancias que la Escuela de Niñas de San Nicolás  había sido visitada por Rosas, y que al advertir éste sus progresos,  había quedado tan complacido,  que se había dignado escribir notas a las alumnas  para expresarles su satisfacción.
            Años después, en marzo de 1838,   cuando las fuerzas navales francesas bloquearon el Río de la Plata, y nuestros los ríos interiores,  el gobierno de Rosas vio que sus ingresos por la aduana caían dramáticamente, enfrentando un  gran déficit  presupuestario, y por ello se impuso una severa economía en los gastos,  que significaron la suspensión de instituciones públicas,  como las escuelas, los servicios sociales,  y el bienestar en general,  que vieron reducidos sus ingresos a sumas mínimas
y por falta de fondos,  se cerraron escuelas.  Fue un golpe muy duro para la educación.


            En nuestros días, sin tener que soportar el bloqueo de una poderosa fuerza militar extranjera,   no le va mejor a la educación,   a los servicios sociales   y al bienestar en general de la población.
            A fines de 1843,  a efectos de llenar el vacío producido en la educación pública,  se instaló en San Nicolás una escuela privada,  dirigida por Francisco Niklison, en la que se enseñaba lectura, caligrafía, doctrina cristiana,  aritmética,  gramática  y partida simple. También se daba clase a alumnos adelantados, donde se enseñaba álgebra, geometría y partida doble.
            En esos días existía la Escuela de Niñas “Del Buen Pastor”, que en las fiestas del
25 de mayo de 1846 desfiló por la ciudad portando una bandera de las que flamearon en el Combate de Obligado, en el que habían participado hombres de San Nicolás, cuando se produjo la intervención armada de Francia e Inglaterra, en el Río de la Plata.

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III  - 
De 1852 a 1875.

            En  1852, cuando se hizo cargo de la gobernación de Buenos Aires,  Vicente López y Planes,  una figura vinculada  a hechos salientes de nuestra historia,   pensó con acierto,  que la educación era uno de los pilares sobre los que debería estructurarse el progreso del país,  y  dispuso sostener las escuelas con fondos del Estado,  haciendo que la instrucción pública recuperara el carácter de gratuita, que había perdido.  Así San Nicolás pudo reabrir su escuela pública, que había sido cerrada en 1838.
            Por decreto del
6 de abril de 1852  se establecía la  conformación  de comisiones escolares para administrar el mantenimiento de las escuelas y en San Nicolás fueron nombrados para esa tarea los vecinos Francisco Llobet,  juez de paz, Teodoro Basaldúa y Juan José Pastor.
            En
1852 San Nicolás, con una población de 8.500 habitantes, era el punto de recepción de las mercaderías de Buenos Aires, Montevideo, Paraguay y del litoral, que luego se internaban en el interior del país, y a su vez la exportadora de los productos que llegaban en carretas a su Plaza del Marchamo, y que luego se despachaban por su puerto, generando un gran movimiento.
            Francisco Llobet, integrante de la comisión propulsora de las escuelas de la ciudad, en el Diario “La Tribuna”, de Buenos Aires, el 30 de septiembre de 1853, publicaba un trabajo donde solicitaba medidas necesarias para afianzar el progreso de San Nicolás.
            Entre ellas se destacaba la de canalizar el riacho que pasaba frente a la ciudad, el Yaguarón, advirtiendo que no había que descuidarlo; el agua tocaba las barrancas sobre la que está hoy el Santuario de la Virgen,  y  por donde antes navegaban los barcos de la Confederación y el Estado de Buenos Aires,  hoy existe una magnífica costanera.
            También pedía
Llobet una receptoría, para percibir tasas por las mercaderías que pasaban por el puerto; un juzgado de primera instancia en lo Civil y Criminal, para afianzar la justicia; un Consejo Municipal, para proteger y promover los medios de fomento de la ciudad; la realización de edificios públicos, casa de justicia, cuartel,  iglesia; y también un correo directo a Buenos Aires, por el camino más recto, para tener un buen sistema de comunicaciones.     

            Solicitaba también Llobet, en 1853,  la sanción de una ley militar que impidiera los desaciertos e injusticias que se realizaban con la anterior, con la que se perseguía a hombres útiles y laboriosos, arrancándolos de sus pagos para ser enviados a las fronteras contra los indios.
            Pedía también casas para escuelas, ya que jamás habíamos tenido una buena.

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             La ley de municipalidades de 1854 creó una comisión de educación, bajo la que quedaba el cuidado de las escuelas primarias, de artes y oficios, los asilos y obras de beneficencia. Ese año fue enviado desde Buenos Aires el maestro Rafael Hortiguera, que tuvo a su cargo la reiniciación de las funciones de la Escuela Nº 1.
            Hortiguera hizo funcionar en forma precaria la escuela en casa de la familia
Salinas, en calle Belgrano  59, frente a la Plaza Constitución (Mitre),  y con posterioridad fue reemplazado por Julián Ruiz Huidobro. 


            También  llegó a San Nicolás la señora
Petrona Vélez Gutiérrez, para trabajar en la escuela de niñas de la Sociedad de Beneficencia, brindando nociones de religión, lectura, escritura, aritmética y costura, hasta 1875.

            Al instalarse nuestra Municipalidad,  en
1854,  se comenzó a  fomentar la inmigración, y San Nicolás se vio poblada  con numerosas familias,  en su mayoría españolas,  italianas y francesas,  pero la educación no pasaba por sus mejores momentos. 
            El 16 de setiembre de 1862,
Pedro Zaracondegui, que presidía la Comisión de Instrucción Pública Municipal,   hacía saber  que había prohibido el uso del azote  con que se castigaba a los niños,   ya que  había comprobado que se los reprendía  con una suela lisa, angosta, como de 40 cm. de largo,  con la que se los golpeaba en las manos,  y se la llamaba la “maldita palmeta”.

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            En
1863 se construyó el primer edificio destinado para la escuela Nº 1, en calle 11 de Septiembre (Francia),  en el mismo lugar que hoy ocupa.   A ese edificio fueron trasladados los alumnos que estudiaban en la casa de los Salinas, descendientes de la familia Aguiar.
            Ese tercer edificio de la Escuela duró 50 años y  fue demolido en 1913,  para construir el actual.            En 1865, según José de la Torre había 3 escuelas en San Nicolás, en las que se enseñaba primeras letras, gramática, catecismo, moral, urbanidad, aritmética, historia y geografía.
            Eran la de Gándara (Nº 1); la de
Grillo (Nº2),  y la de niñas, de la Sociedad de Beneficencia.
            El
31 de julio  de 1872, hace 131 años, en el periódico “El Progreso”,  se analizaba la situación de las escuelas públicas,   y la falta de interés de las autoridades por ellas.   Un artículo decía: “Mientras la educación no transforme al pueblo,   sacándolo de su condición de instrumento,  para darle el rol que le corresponde,  como pueblo digno  de estar en posesión de sus derechos   más preciosos, ejerciéndolos para su propio bien;   mientras que esto no suceda,  por medio de la educación,   San Nicolás perpetuará su atraso,  encubierto por la vida material del tanto por ciento.  Plácenos ver el movimiento de nuestro comercio;  nuevos edificios,  empedrado,  gas,  mercados, etc., pero nos duele no encontrar esa homogeneidad de ideas esparciendo la verdad, difundiendo la educación y no engañando al pueblo,  hablándole de derechos desconocidos,  y conservando así su ignorancia para ser mejor explotado”.
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             Hasta 1875, los jóvenes nicoleños para cursar estudios secundarios debían viajar a Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba o Concepción del Uruguay.  En 1876, por disposición de la Dirección General de Escuelas, cuyo titular era Domingo Faustino Sarmiento, se constituyó el Consejo Escolar de San Nicolás, un hecho fundamental para la organización de la educación, que fue presidido por Melchor Echagüe, cuyo nombre, ya lo hemos dicho,  hoy lleva la Escuela Nº 1,  y en ese mismo año comenzó a funcionar, en el espacio que hoy ocupan las instalaciones del que fue el Cuartel del Batallón de Ingenieros,  el Colegio San Nicolás, nuestro primer Colegio de Educación Secundaria.
            Este establecimiento,  levantado con dineros del pueblo,  desarrolló sus actividades, con frente a la Calle Colón, denominada llamada entonces Calle del Colegio,  entre Necochea y Pringles.              Fue el primero de nivel secundario de nuestra ciudad; y el centro latinoamericano de la actividad de los misioneros de Don Bosco,  cuya llegada  había sido gestionada  por   José Francisco Benítez.
            En ese entonces,  el gobierno de la Provincia de Buenos Aires había concedido los terrenos donde se edificó el Colegio,  sobre las barrancas,  frente al río,  a la Municipalidad,  con la única,  precisa,  y expresa condición,   que se consideraran siempre,   y en todo tiempo,  como de propiedad del pueblo de San Nicolás de los Arroyos,  y por ello los mismos estarían sujetos a lo que dispusieran las autoridades locales.


            En nuestro días y desde hace ya varios años,  existe un gran problema a resolver,  sobre la titularidad de los referidos terrenos, que durante muchos años,  después de finalizada la vida del Colegio San Nicolás,  fueron ocupados por el cuartel militar, y cuya resolución, seguramente sobrevendrá, cuando se favorezcan  algunos intereses, de quienes, sin duda, anhelan esas 30 hectáreas del centro de la ciudad,  frente al río,  y que nosotros esperamos que sean los del pueblo de San Nicolás,  tal como está  escrito desde el Siglo XIX.
            El Colegio San Nicolás estuvo situado al lado de la entonces Plaza Alsina, hoy desaparecida, poseía una capilla;  grandes salones, biblioteca; teatro, salón de música; dormitorios,  enfermería,  amplios corredores,  patios enladrillados,  veredas de baldosas con cordones de madera dura;  cocina, despensa, bodega, caballerizas, cocheras;  un gran jardín, cercado por una verja que se extendía a lo largo del edificio; criaderos de aves y cerdos; huerta con árboles frutales, y muchas plantas cuyos frutos utilizaban para su subsistencia.  El Colegio San Nicolás llegó a tener un observatorio astronómico de singular importancia, con un valioso instrumental, que facilitaba sus datos al Observatorio de Córdoba.
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            La educación en San Nicolás, inició,  a partir de 1876,  con la creación del Consejo Escolar, una nueva etapa,  de la que existe una gran cantidad de documentación, que a mi entender no ha sido todavía trabajada por historiadores, y  que espera,  pacientemente,  que alguien lo haga,  guardada en grandes cajas de madera,  en el Museo y Archivo Histórico Municipal.

            Allí están los informes;  escuela por escuela;  a medida que se iban creando;  año por año;  de sus autoridades;  sus docentes;  sus alumnos;  las novedades que surgían permanentemente;  las calificaciones,  que obtenían alumnos en los Siglos XIX y XX,  y que hoy consideramos figuras consulares,  y de aquellos,  no tan reconocidos,  que han contribuido al progreso de nuestra ciudad, en todos sus órdenes,  gracias a la educación, que en esos establecimientos adquirieron..
           

 

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Bibliografía y Lugares de Consulta:

Chervo, Gregorio Santiago; “Crónica de San Nicolás de los Arroyos”;  1988.
De la Torre, José E.; “Historia de la Enseñanza Primaria en San Nicolás”,  Diario El Tribuno, Abril 1937.
De la Torre, José E.; “Historia de San Nicolás de los Arroyos”; Editorial Rosario, 1947. 
Levene, Ricardo; “Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno”; El Ateneo; 1949.
Lynch, John; “Juan Manuel de Rosas”;  Pág.188; Edit. Emece; 1984.
Marcatelli, Marcelino; “La Escuela de Don León”;  Diario El Norte; 14 de abril de 1970.
Marcatelli, Marcelino; “San Nicolás en el Tiempo-La Enseñanza”; Rotary Club San Nicolás; 1971
“Recortes sobre Historia de San Nicolás”, Tomo I, Museo y Biblioteca de la Casa del Acuerdo;
Museo y Archivo Histórico Municipal de San Nicolás
Museo y Biblioteca de la Casa del Acuerdo de San Nicolás. 

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