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Charla
realizada en el Ateneo Historia y Verdad el 08 de Agosto del 2003
LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN SAN NICOLÁS DE LOS ARROYOS ANTES DE LA CREACIÓN DEL
CONSEJO ESCOLAR.
Por
Santiago Chervo
No existen
muchos antecedentes de la educación durante el período colonial en San
Nicolás, pero no por ello debemos considerar que no existía ese derecho
fundamental en nuestra región.
Según describe el historiador José Emiliano De la Torre,
(1905-1981),
los nicoleños que querían cursar estudios, en la segunda mitad del Siglo
XVIII, y estaban en condiciones de financiarlos, que eran pocos,
generalmente los hijos de terratenientes, debían viajar a Buenos Aires, o
hasta el lugar denominado Rincón de San Pedro, distante 14 leguas de San
Nicolás, donde funcionaba el único establecimiento de educación de esta
región, el Colegio de los Frailes Recoletos, que recibía alumnos del norte
bonaerense.

El convento de los frailes franciscanos recoletos, había sido
construido en 1748, frente al Río Paraná, constituyendo el inicio de
la población de la hoy ciudad de San Pedro.
Un hijo ilustre de San Pedro, Fray Cayetano Rodríguez,
(1761-1823),
líder patriota, religioso y político, estudió en ese convento, donde funcionó
una escuela elemental, y con posterioridad, aulas de latín y retórica.
Fue precisamente Fray Cayetano Rodríguez, luego docente, uno de los
más influyentes maestros que tuvo Mariano Moreno,
(1787-1811),
cuando estudiaba en el Colegio de San Carlos.
Ambos participaron en los movimientos revolucionarios de mayo de
1810, y a instancias de Moreno, Fray Cayetano Rodríguez, fue elegido luego
como primer director de la Biblioteca Pública.
Ha sostenido, el Prof. Marcelino Marcatelli, que en medio de la
soledad y de las distancias, muchas veces insalvables, las parroquias
cumplieron, a manera de las antiguas abadías y templos de la Edad Media, no
solo una tarea civilizadora, sino una verdadera función docente, al inculcar las
primeras letras.
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A mediados del Siglo
XVIII, en San Nicolás, pocos vecinos sabían leer y escribir, quienes podían
hacerlo, eran precisamente sacerdotes, y allí están, desde 1749, como prueba,
los libros de nuestra Catedral, testimonios de esos días, donde se registraban
los bautismos, los casamientos, y las defunciones de los primeros nicoleños,
que hoy podemos observar.
Del Siglo XVIII existen antecedentes, fechados en 1774,
cuando la Junta Municipal de Santa Fe, dispuso la instalación de una escuela en
la Capilla de San Nicolás, recayendo la designación en la persona de Manuel
Ugarte.
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Diez años después, en
1784, el militar español del siglo
XVIII, Melchor de Echagüe y Abadía, siendo teniente gobernador de la
zona de la Villa del Rosario y costa del río Paraná, que abarcaba desde San
Lorenzo hasta el Arroyo del Medio, cuando designaba maestros, disponía que :
“siendo
tan recomendada la disciplina de la primera ciencia, a saber, leer, escribir
y contar, por el Soberano, en la puerilidad, de que resultan los bienes
temporales (a más de los espirituales), de hacerse los niños capaces, en el
humano lícito comercio, y resultar de esta disciplina, la habilidad de
desempeñar las obligaciones futuras de policía y guerra, (pues apenas se halla
a quien encargar los negocios), ordenamos, que dicho nombrado maestro,
pida, a los patronos eclesiásticos y secular, formen discurso de
los niños de siete para doce años, en el distrito de su jurisdicción, y
formando nómina de los de esta intermedia edad; compela, con
todo rigor de derecho, a los padres y madres, a que concurran a la escuela,
sin admitirles excusa, ni recurso alguno, a menos que hagan constar hallarse
en otras escuelas aplicados, por certificación de sus preceptores, y
encargamos, a los señores patrones, el singular cuidado, y
administración de justicia, que les conferimos a prudencia”.
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Quien firmaba este
documento, Melchor Echagüe y Abadía, era un antecesor de
Melchor Echagüe (1824-1896),
cuyo nombre lleva hoy nuestra Escuela Nº 1, en homenaje a quien fuera el primer
presidente del Consejo Escolar de San Nicolás, propulsor de la educación
pública.
En un trabajo del profesor
Marcelino Marcatelli, publicado en
1971, se detalla un acta del extinguido Cabildo de Buenos Aires, del 14 de
noviembre de 1788, que dice: “Son infinitos los que viven en la
campaña, que ignoran la doctrina cristiana y los principios de la religión, y
no es menos lo que se padece, con la mucha ignorancia que se acompaña, por no
saber leer ni escribir; por no haber, en las parroquias, escuelas
públicas, donde se les enseñen estas cosas”
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II-
De 1810
a 1851.
Cuando
Mariano Moreno, en 1810, ordenó crear la Biblioteca Pública, y
puso al frente a su ex maestro, Fray Cayetano Rodríguez, expresaba sus
quejas contra las autoridades virreinales, porque no habían hecho nada por
la educación de la juventud, expresando que el nuevo gobierno, que había
nacido el 25 de mayo de 1810, se veía en la difícil situación de crearlo
todo.
De ahí el propósito de crear la Biblioteca Pública , para llamar a
los hombre sabios y patriotas, que reglando un nuevo establecimiento de
estudio, adecuado a nuestras circunstancias, pudiera formar el plantel que
debía producir, algún día, hombres que fuesen el honor y la gloria de
nuestra patria.
En Junio de 1817, un personaje, oriundo de Tucumán,
Juan
Luis Pérez, aparece solicitando una licencia para abrir una escuela en
San Nicolás, y el Cabildo de Buenos Aires se la concede, con la condición de
que debe tomar intervención el entonces Alcalde de la Santa Hermandad, de
nuestra ciudad Don Faustino Sánchez.
El 23 de noviembre de 1819, fecha inolvidable para los
nicoleños, porque ese día el Congreso General Constituyente le concedió a San
Nicolás su título de ciudad, fue nombrada una comisión integrada por
José
Cayetano Benegas, el alcalde Tomás Ortega y el cura párroco
Miguel García, para organizar una escuela pública, y arbitrar los recursos
para su funcionamiento, disponiéndose recaudar como tasa, para subvencionarla,
un real, por cabeza de ganado de abasto público.
La escuela de 1819, no
funcionó, a raíz de la caída del Directorio, tras la Batalla de Cepeda, en
1820, que impidió la instalación del Cabildo de San Nicolás, en cuyo
edificio se iba a incorporar.
Por ese motivo se considera, que la primera escuela del Estado, la
actual Nº 1 de San Nicolás, se creó durante el gobierno de Martín Rodríguez,
en 1823, es decir que tiene 180 años
La escuela impartía enseñanza a los varones, de acuerdo al decreto
del 8 de febrero de 1822, originado por el Departamento de Primeras
Letras, un organismo dependiente de la Universidad de Buenos Aires, cuyo plan
de estudios se limitaba a lectura, escritura, las cuatro operaciones, y la
doctrina cristiana.

El historiador José de la Torre, ha publicado, como Apéndice V, de
su “Historia de San Nicolás”, un decreto que indica, que con fecha
28 de
octubre de 1824, siendo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan
Gregorio de las Heras, se destinaba una suma de dinero para la construcción de
nuestra escuela Nº 1, y nombraba una comisión integrada por el Juez de Paz,
José Nuñez, y los vecinos Mariano Ruiz y Prudencio Dolz, para que se encargasen
de la misma.
Esa Comisión, en lugar de construir un nuevo edificio, aconsejó
la compra de una propiedad adecuada para establecer la Escuela, y ésta comenzó
a funcionar en la hoy calle Sarmiento Nº 72, frente a la Plaza Mitre,
desempeñándose como docente José Vicente Rodríguez
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En 1825, siendo rector de la Universidad de Buenos Aires el Canónigo
Antonio
Saenz, se crearon Juntas Inspectoras de Escuelas, cuya misión era controlar
los establecimientos educativos sostenidos con fondos públicos, vigilar el
estado de los mismas, hacer que los maestros cumplieran sus tareas y horarios,
y llamar la atención de los padres, que pudiendo hacerlo, no enviaban sus
hijos a estudiar.
También la Comisión debía
vigilar que los preceptores no vendiesen, a los discípulos pobres, el papel
que se les enviaba para repartir.
El
9 de marzo de 1825, la
Junta Protectora de la Escuela, elevó una nota a la Universidad, de la que
dependía, informando que la Escuela de primeras letras estaba abandonada por
su maestro José Vicente Rodríguez, originando el ocio y la falta de
educación, entre sus alumnos y por ello solicitaban la destitución del
maestro, y su reemplazo.
A raíz de esta nota se nombró como reemplazante al maestro
Pedro
Brid, quien el 14 de septiembre de 1825, informaba a sus autoridades
que había hallado la escuela en total estado de abandono; que los alumnos,
apenas una docena de ellos, concurrían verdaderamente a estudiar, y que los
demás iban a la escuela como si fuesen a un paseo, y que el ex maestro José
Rodríguez, a quien calificaba como un personaje entregado a los vicios, ebrio y prostituido,. había procedido a abrir una escuela particular.
En febrero de 1827, la disputa entre los dos
maestros continuaba. Brid informaba, que habiendo implementado un nuevo
método, un sistema de mutua enseñanza, tuvo como resultado que todos sus
alumnos le fueran retirados por sus padres, y enviados a la escuela privada
de Rodríguez.
Éste, para su beneficio, había hecho correr la noticia entre el
vecindario, que el nuevo sistema educativo, era masónico y hereje, y que los
niños se iban a retrasar, en vez de adelantar.
El
9 de junio de 1827, un funcionario decía que Brid no
solo debía ser destituido, sino también privado de regentear establecimientos
de educación, por haber implementado ese nuevo método de enseñanza mutua.
Se lo acusaba a Brid de mala atención de la escuela, porque estaba
situada al lado del cuartel y la cárcel, donde se almacenaban municiones, y se
hacían prácticas militares, pero fundamentalmente porque Rodríguez había hecho
cundir la noticia que el nuevo sistema de enseñanza estaba originado en la
masonería. Por ello el sacerdote Bonifacio López de Heredia, había
aconsejado el hecho de pasar a los alumnos de la escuela del Estado, a la
escuela privada, de José Vicente Rodríguez.
Este había sido destituido, en 1826, un año atrás, acusado de vida
disoluta, ebrio y prostituído, pero se lo prefirió como maestro, en reemplazo
de Pedro Brid, a quien ahora se lo acusaba de implantar un método masón y
hereje, que se oponía a lo que creía y proponía la iglesia católica.
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En los años finales del siglo XVIII se utilizaban dos sistemas de
enseñanza: el simultáneo, que consistía en formar grupos de niños, según su
grado de cultura, que se usaba generalmente en las escuelas con clases
numerosas, y el sistema individual, donde el Maestro trabajaba con cada
alumno en particular, y se aplicaba en escuelas privadas.

Joseph Lancaster,
(1779-1838),
un pedagogo inglés, había creado el Sistema Educativo que lleva su nombre, el
Lancasteriano, que consistía en hacer que los alumnos mayores, llamados
monitores, pudieran enseñar a los menos adelantados, bajo la supervisión de un
maestro, que así podía instruir un gran número de niños. Un adelanto
pedagógico, que significaba una mejora en la organización interna de las
escuelas.
Este sistema fue introducido en Sud América en 1818, y funcionaba
bajo un régimen severo de premios y castigos para mantener la disciplina.
Los salones de la escuela Lancasteriana tenían un aspecto
particular, eran amplios, con una plataforma al frente donde estaba el asiento
del Preceptor.
Luego hileras de mesas con 15 o 20 lugares cada una; en un costado
el atril del monitor; y las tablillas con las muestras de escritura a lo
largo, y a los lados de las paredes, series de hemiciclos, a cuyo alrededor se
repartían los grupos de niños.
Sobre las paredes un pizarrón para cálculos, al que estaban
suspendidos los cuadros de lectura y gramática; al lado, y al alcance de la
mano, la regla con la que el Monitor dirigía la lección.
Al fondo del salón, la cátedra del Maestro, que ayudado con la
voz, regla o silbato, vigilaba las mesas y ordenaba trabajos. Los cambios y
movimientos eran ejecutados con puntual exactitud.
Las escuelas lancasterianas mejoraron los métodos antiguos de
instrucción individual, que permitían excesivo ocio e indisciplina a los
alumnos; exigía una disciplina rígida, y popularizaba la idea de escuela de
adiestramiento para maestros.
El maestro Brid implantó
este método en San Nicolás en 1827, y por ello fue acusado de masón y
hereje. Distinguidos vecinos de nuestra ciudad habían manifestado, por
escrito, certificado por el Juez de Paz, que de la conducta del maestro jamás
habían notado vicio alguno que mancillase su honor, y la estimación pública;
ni menos faltar al compromiso de sus obligaciones. Por ello lo apoyaban en sus
acciones. No obstante esta defensa, Brid fue separado de su cargo.
Debemos recordar que el introductor del sistema lancasteriano en
Buenos Aires, implantado en nuestra ciudad por el maestro Brid, fue Diego
Thompson, perteneciente al culto protestante.
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En abril de 1826, por Decreto del Presidente
Rivadavia,
se crearon Escuelas de Niñas en San José de Flores, Chascomús y San Nicolás
de los Arroyos, y Mariquita Sánchez de Mendeville, de la Sociedad de
Beneficencia, fue la encargada del establecimiento de las mismas.
Para garantizar el funcionamiento de las escuelas se nombraban
representantes locales en estas ciudades, y en San Nicolás, la Directora de la
escuela de niñas fue Ana Vélez de Estrada, cuyo nombre hoy lleva una
calle que nace en la zona norte de la ciudad, en el Barrio Alto Verde, que era
la esposa del entonces Juez de Paz de San Nicolás, Mariano Estrada.
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En marzo
1830
el Gobernador Juan Manuel de Rosas, recorría la campaña de Buenos Aires,
y a su paso por los pueblos, tratando de mejorar la organización de los
mismos, dedicaba su atención al estado de las iglesias y escuelas.
En San Nicolás, Rosas se reunió con Pedro Ferré, Gobernador
de Corrientes y Estanislao López, Gobernador de Santa Fe, y
representante de Entre Ríos. Nuestra ciudad tuvo así, el honor de ser la
sede previa del Pacto Federal, que se llevó a cabo el 4 de enero de 1831,
por el cual se intentaba constituir una entidad política superior, la futura
República Argentina, en la que quedaban ligadas las provincias autónomas.
En la “Memoria” que
la señora María Sánchez de Mendeville, escribió en enero de 1831 existen
constancias que la Escuela de Niñas de San Nicolás había sido visitada por
Rosas, y que al advertir éste sus progresos, había quedado tan complacido, que
se había dignado escribir notas a las alumnas para expresarles su satisfacción.
Años después, en marzo de
1838, cuando las fuerzas navales
francesas bloquearon el Río de la Plata, y nuestros los ríos interiores, el
gobierno de Rosas vio que sus ingresos por la aduana caían dramáticamente,
enfrentando un gran déficit presupuestario, y por ello se impuso una severa
economía en los gastos, que significaron la suspensión de instituciones
públicas, como las escuelas, los servicios sociales, y el bienestar en
general, que vieron reducidos sus ingresos a sumas mínimas,
y por falta de fondos, se
cerraron escuelas. Fue un golpe muy duro para la educación.

En nuestros días, sin tener que soportar el bloqueo de una poderosa
fuerza militar extranjera, no le va mejor a la educación, a los servicios
sociales y al bienestar en general de la población.
A fines de 1843, a efectos de llenar el vacío producido en
la educación pública, se instaló en San Nicolás una escuela privada, dirigida
por Francisco Niklison, en la que se enseñaba lectura, caligrafía,
doctrina cristiana, aritmética, gramática y partida simple. También se daba
clase a alumnos adelantados, donde se enseñaba álgebra, geometría y partida
doble.
En esos días existía la Escuela de Niñas “Del Buen Pastor”, que en
las fiestas del 25 de mayo de 1846 desfiló por la ciudad portando una
bandera de las que flamearon en el Combate de Obligado, en el que habían
participado hombres de San Nicolás, cuando se produjo la intervención armada de
Francia e Inglaterra, en el Río de la Plata.
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III -
De 1852
a 1875.
En
1852,
cuando se hizo cargo de la gobernación de Buenos Aires, Vicente López y
Planes, una figura vinculada a hechos salientes de nuestra historia,
pensó con acierto, que la educación era uno de los pilares sobre los que
debería estructurarse el progreso del país, y dispuso sostener las escuelas
con fondos del Estado, haciendo que la instrucción pública recuperara el
carácter de gratuita, que había perdido. Así San Nicolás pudo reabrir su
escuela pública, que había sido cerrada en 1838.
Por decreto del
6 de abril de 1852 se establecía la
conformación de comisiones escolares para administrar el mantenimiento de las
escuelas y en San Nicolás fueron nombrados para esa tarea los vecinos
Francisco Llobet, juez de paz, Teodoro Basaldúa y Juan José
Pastor.
En
1852 San Nicolás, con una población de 8.500
habitantes, era el punto de recepción de las mercaderías de Buenos Aires,
Montevideo, Paraguay y del litoral, que luego se internaban en el interior del
país, y a su vez la exportadora de los productos que llegaban en carretas a su
Plaza del Marchamo, y que luego se despachaban por su puerto, generando un gran
movimiento.
Francisco Llobet, integrante de la comisión propulsora de las
escuelas de la ciudad, en el Diario “La Tribuna”, de Buenos Aires, el 30 de
septiembre de 1853, publicaba un trabajo donde solicitaba medidas necesarias
para afianzar el progreso de San Nicolás.
Entre ellas se destacaba la de canalizar el riacho que pasaba frente
a la ciudad, el Yaguarón, advirtiendo que no había que descuidarlo; el agua
tocaba las barrancas sobre la que está hoy el Santuario de la Virgen, y por
donde antes navegaban los barcos de la Confederación y el Estado de Buenos
Aires, hoy existe una magnífica costanera.
También pedía
Llobet una receptoría, para percibir tasas por
las mercaderías que pasaban por el puerto; un juzgado de primera instancia en lo
Civil y Criminal, para afianzar la justicia; un Consejo Municipal, para proteger
y promover los medios de fomento de la ciudad; la realización de edificios
públicos, casa de justicia, cuartel, iglesia; y también un correo directo a
Buenos Aires, por el camino más recto, para tener un buen sistema de
comunicaciones.
Solicitaba también
Llobet, en 1853, la sanción de una ley militar que impidiera los
desaciertos e injusticias que se realizaban con la anterior, con la que se
perseguía a hombres útiles y laboriosos, arrancándolos de sus pagos para ser
enviados a las fronteras contra los indios.
Pedía también casas para escuelas, ya que jamás habíamos tenido una
buena.
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La ley de
municipalidades de 1854 creó una comisión de educación, bajo la que
quedaba el cuidado de las escuelas primarias, de artes y oficios, los asilos y
obras de beneficencia. Ese año fue enviado desde Buenos Aires el maestro
Rafael Hortiguera, que tuvo a su cargo la reiniciación de las funciones de
la Escuela Nº 1.
Hortiguera hizo funcionar en forma precaria la escuela en casa de la
familia Salinas, en calle Belgrano 59, frente a la Plaza Constitución
(Mitre), y con posterioridad fue reemplazado por Julián Ruiz Huidobro.

También llegó a San Nicolás la señora
Petrona Vélez Gutiérrez,
para trabajar en la escuela de niñas de la Sociedad de Beneficencia, brindando
nociones de religión, lectura, escritura, aritmética y costura, hasta 1875.
Al instalarse nuestra Municipalidad, en
1854, se comenzó a
fomentar la inmigración, y San Nicolás se vio poblada con numerosas familias,
en su mayoría españolas, italianas y francesas, pero la educación no pasaba
por sus mejores momentos.
El 16 de setiembre de 1862, Pedro Zaracondegui, que
presidía la Comisión de Instrucción Pública Municipal, hacía saber que había
prohibido el uso del azote con que se castigaba a los niños, ya que había
comprobado que se los reprendía con una suela lisa, angosta, como de 40 cm. de
largo, con la que se los golpeaba en las manos, y se la llamaba la “maldita
palmeta”.
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En 1863 se construyó el primer edificio destinado para la
escuela Nº 1, en calle 11 de Septiembre (Francia), en el mismo lugar que hoy
ocupa. A ese edificio fueron trasladados los alumnos que estudiaban en la casa
de los Salinas, descendientes de la familia Aguiar.
Ese tercer edificio de la Escuela duró 50 años y fue demolido en
1913, para construir el actual. En
1865, según José de la
Torre había 3 escuelas en San Nicolás, en las que se enseñaba primeras
letras, gramática, catecismo, moral, urbanidad, aritmética, historia y
geografía.
Eran la de Gándara (Nº 1); la de
Grillo (Nº2), y la
de niñas, de la Sociedad de Beneficencia.
El 31 de julio de 1872, hace 131 años, en el periódico “El
Progreso”, se analizaba la situación de las escuelas públicas, y la falta de
interés de las autoridades por ellas. Un artículo decía: “Mientras la
educación no transforme al pueblo, sacándolo de su condición de instrumento,
para darle el rol que le corresponde, como pueblo digno de estar en posesión
de sus derechos más preciosos, ejerciéndolos para su propio bien; mientras
que esto no suceda, por medio de la educación, San Nicolás perpetuará su
atraso, encubierto por la vida material del tanto por ciento. Plácenos ver el
movimiento de nuestro comercio; nuevos edificios, empedrado, gas, mercados,
etc., pero nos duele no encontrar esa homogeneidad de ideas esparciendo la
verdad, difundiendo la educación y no engañando al pueblo, hablándole de
derechos desconocidos, y conservando así su ignorancia para ser mejor
explotado”.
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Hasta
1875, los
jóvenes nicoleños para cursar estudios secundarios debían viajar a Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba o Concepción del Uruguay. En 1876, por disposición de
la Dirección General de Escuelas, cuyo titular era Domingo Faustino Sarmiento,
se constituyó el Consejo Escolar de San Nicolás, un hecho fundamental para la
organización de la educación, que fue presidido por Melchor Echagüe, cuyo
nombre, ya lo hemos dicho, hoy lleva la Escuela Nº 1, y en ese mismo año
comenzó a funcionar, en el espacio que hoy ocupan las instalaciones del que fue
el Cuartel del Batallón de Ingenieros, el Colegio San Nicolás, nuestro primer
Colegio de Educación Secundaria.
Este establecimiento, levantado con dineros del pueblo, desarrolló
sus actividades, con frente a la Calle Colón, denominada llamada entonces Calle
del Colegio, entre Necochea y Pringles. Fue el primero de nivel
secundario de nuestra ciudad; y el centro latinoamericano de la actividad de los
misioneros de Don Bosco, cuya llegada había sido gestionada por
José
Francisco Benítez.
En ese entonces, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires
había concedido los terrenos donde se edificó el Colegio, sobre las barrancas,
frente al río, a la Municipalidad, con la única, precisa, y expresa
condición, que se consideraran siempre, y en todo tiempo, como de propiedad
del pueblo de San Nicolás de los Arroyos, y por ello los mismos estarían
sujetos a lo que dispusieran las autoridades locales.

En nuestro días y desde hace ya varios años, existe un gran
problema a resolver, sobre la titularidad de los referidos terrenos, que
durante muchos años, después de finalizada la vida del Colegio San Nicolás,
fueron ocupados por el cuartel militar, y cuya resolución, seguramente
sobrevendrá, cuando se favorezcan algunos intereses, de quienes, sin duda,
anhelan esas 30 hectáreas del centro de la ciudad, frente al río, y que
nosotros esperamos que sean los del pueblo de San Nicolás, tal como está
escrito desde el Siglo XIX.
El Colegio San Nicolás estuvo situado al lado de la entonces Plaza
Alsina, hoy desaparecida, poseía una capilla; grandes salones, biblioteca;
teatro, salón de música; dormitorios, enfermería, amplios corredores, patios
enladrillados, veredas de baldosas con cordones de madera dura; cocina,
despensa, bodega, caballerizas, cocheras; un gran jardín, cercado por una verja
que se extendía a lo largo del edificio; criaderos de aves y cerdos; huerta con
árboles frutales, y muchas plantas cuyos frutos utilizaban para su
subsistencia. El Colegio San Nicolás llegó a tener un observatorio astronómico
de singular importancia, con un valioso instrumental, que facilitaba sus datos
al Observatorio de Córdoba.
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La educación en San Nicolás, inició, a partir de 1876, con la
creación del Consejo Escolar, una nueva etapa, de la que existe una gran
cantidad de documentación, que a mi entender no ha sido todavía trabajada por
historiadores, y que espera, pacientemente, que alguien lo haga, guardada en
grandes cajas de madera, en el Museo y Archivo Histórico Municipal.

Allí están los informes; escuela por escuela; a medida que se iban
creando; año por año; de sus autoridades; sus docentes; sus alumnos; las
novedades que surgían permanentemente; las calificaciones, que obtenían
alumnos en los Siglos XIX y XX, y que hoy consideramos figuras consulares, y
de aquellos, no tan reconocidos, que han contribuido al progreso de nuestra
ciudad, en todos sus órdenes, gracias a la educación, que en esos
establecimientos adquirieron..
v
Bibliografía y Lugares de Consulta:
Chervo,
Gregorio Santiago; “Crónica de San Nicolás de los Arroyos”; 1988.
De la Torre, José E.; “Historia de la Enseñanza Primaria en San Nicolás”,
Diario El Tribuno, Abril 1937.
De la Torre, José E.; “Historia de San Nicolás de los Arroyos”; Editorial
Rosario, 1947.
Levene, Ricardo; “Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano
Moreno”; El Ateneo; 1949.
Lynch, John; “Juan Manuel de Rosas”; Pág.188; Edit. Emece; 1984.
Marcatelli, Marcelino; “La Escuela de Don León”; Diario El Norte; 14 de abril
de 1970.
Marcatelli, Marcelino; “San Nicolás en el Tiempo-La Enseñanza”; Rotary Club San
Nicolás; 1971
“Recortes sobre Historia de San Nicolás”, Tomo I, Museo y Biblioteca de la Casa
del Acuerdo;
Museo y Archivo Histórico Municipal de San Nicolás
Museo y Biblioteca de la Casa del Acuerdo de San Nicolás.

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