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LAS BODEGAS NICOLEÑAS
Prof. Rodrigo Giandinotto y Prof. Ignacio Andrés Labrador
El génesis
Los inicios de la actividad
vitivinícola en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos y zona de
influencia se remontan a fines del 1800, momento éste caracterizado por el
arribo en masa de inmigrantes a nuestro país.
San Nicolás recibió gran
cantidad de italianos atraídos por las características de la región que
la hacía en muchos casos muy parecida a su tierra natal, este aspecto fue
decisivo para convertir a la zona en una de las más importantes
productoras de vino y sus derivados durante gran parte del siglo pasado.
Los inmigrantes no solo
trajeron consigo a sus familias y su búsqueda de progreso sino que también
trajeron su religión, sus costumbres y sobre todo su vino. Todo este
bagaje fue marcando, reestructurando y definiendo muy fuertemente a San
Nicolás de los Arroyos.
La religión traída por los
italianos estaba caracterizada por “ La patrona del agro¨,
impulsada por los salesianos. Así fue que se construyó el colegio Don
Bosco, en cuyos archivos quedaron asentadas las colaboraciones realizadas
por los quinteros italianos. No obstante, la ayuda era recíproca, ya que
el aporte de los salesianos, en lo que se refiere a la enseñanza para la
fabricación del vino, fue decisiva.
Los italianos trajeron,
entonces, sus costumbres y su vino: elementos estrechamente relacionados.
El vino ,como elemento casi
central dentro de la alimentación de los italianos, era inexistente en la
zona geográfica tratada en el presente trabajo, solamente se consumía agua
ardiente y el escaso vino que se pudiera conseguir era importado y por lo
tanto de un precio prácticamente inalcanzable para la precaria economía
de los habitantes del lugar.
Es en este momento que
encontramos el origen de la actividad vitivinícola en nuestra región.
El señor Roberto Cámpora
cuenta que su abuelo ,buscando producir su propio vino, realizó varios
intentos hasta que finalmente logró su cometido con la variedad Pinot
Gris. Esta variedad se adaptó con éxito a las condiciones climáticas
de la región, sin embargo, el poco tenor alcohólico que poseía la uva
hacía que el vino producido fuera ,en años muy lluviosos, de no más de 9
(nueve) grados. Este hecho debe ser tenido en cuenta de forma particular
para la comprensión de los acontecimientos posteriores.
Primeros
pasos de la producción vitivinícola
El señor Manuel Costa,
antiguo bodeguero, nos cuenta que en un primer momento todo el trabajo
realizado era manual, siendo la actividad agrícola la principal ya que el
vino producido era solamente para el consumo familiar. Las bodegas eran
sumamente rudimentarias y en ellas se hacía fermentar el vino en cubas o
sifones de roble.
Se podría decir que el
mercado comenzó a exigir vino, por lo que se empezó a envasar el
mismo en bordelesas (Anexo nº 1 y 7), las cuales tenían 200 litros y se
vendían en los campos ,principalmente en épocas de cosecha.
Fue en este momento, donde
primariamente desde el norte, emigraban peones para trabajar en las
cosechas de maíz o frutas.
Al poco tiempo, el consumo
del vino local se había popularizado y las ventas iban en constante
aumento. La distribución de la producción se realizaba en carros o
verduleras ,comercializándose en damajuanas de 10 litros.
Tan explosivo fue el
crecimiento del negocio que en la década del 30 se vendía vino a
mayoristas de Buenos Aires, los cuales procedían a su posterior
fraccionamiento y comercialización. (Anexo 2 y 3).
El señor Del Veccio,
enólogo que desarrolló su actividad en esta ciudad, marca la gran
importancia del apoyo que realizaba el Banco Nación para el desarrollo de
la actividad industrial. “Este sostén era indispensable debido a las
características que posee la actividad vitivinícola, estas
particularidades hacen que la vid tenga que ser constantemente cuidada,
aún en el caso de que la cosecha se pierda por algún agente externo, la
planta debe ser sometida a todos los procesos que se aplican cuando la
cosecha es exitosa”, consideró el especialista.
Los
bodegueros se organizan
El
aumento constante de la demanda, la cual a mediados de 1930 comenzó a
extenderse a Entre Ríos, Santa Fe y casi toda Buenos Aires e incluso, a
Chaco y Córdoba, exigió a los bodegueros una pronta organización.
La misma tomo forma en la
Cooperativa del Vino, que cumplía funciones de asesoramiento tanto
legal como técnico a los bodegueros, también poseía depósitos propios
donde se almacenaba el vino para su posterior comercialización. (Anexo nº
4 y nº 5).
Sin embargo, debemos analizar
este proceso desde una mirada macroeconómica, este cambio se ve claramente
reflejado en la Revista Económica Argentina de 1930 en la cual se
desarrolla un trabajo realizado por el ingeniero A.E. Bunge, en el que
mismo analiza las crisis que se suceden desde 1926 a 1930 en Francia,
Italia y España. El trance posee las mismas características en todos los
casos siendo estas:
-
Superproducción. El total
de las cantidades de vino disponibles al fin de 1929, era de 68,3
millones de hectolitros contra 60,0 al fin de 1928, 51,0 a fines de 1927
y 45,9 a fin de 1926.
-
Disminución del consumo
interno debido especialmente a la substitución por otras bebidas
(cerveza, té, etc.),
-
Disminución de la
exportación. La exportación durante el periodo ante-guerra (1909 a
1913), era cerca de 2 millones de hectolitros, y durante el trienio de
1926 a 1928 bajó a 1,5.
En resumen puede decirse
que en los tres países a consideración la marcha generalmente irregular
del comercio del vino tenia raíces muy profundas, y esta crisis fue muy
bien aprovechada por nuestra región.
El crecimiento fue tan
explosivo que en 1957 en San Nicolás existían 403 quinteros productores de
vid y aproximadamente unas 57 bodegas. Esta estadística proporcionada por
el Diario El Norte muestra claramente la rentabilidad del negocio.
El vertiginoso ascenso fue
causado y favorecido tanto por hechos fortuitos como por una demanda real
del mercado. (Anexo nº 6)
A partir de 1938, la región
de Cuyo -principalmente Mendoza- había comenzado a ubicar sus productos en
el interior del país en mayor volumen, hecho este que no había sido
posible llevar adelante anteriormente debido a la falta de transporte y
mercado, todo ello acentuado por los efectos del crac financiero
producido en los Estados Unidos pero que tuvo una repercusión mundial.
Nuestro país no fue un caso
especial, sin embargo en la fecha antes nombrada, la situación comenzó a
normalizarse abriendo un gran abanico de posibilidades para los productos
de estas regiones.
Pero los precios de los
vinos de Mendoza seguían siendo caros, acentuados por el costo del flete.
En consecuencia, los productos de los bodegueros nicoleños no se vieron en
desmedro respecto de los mendocinos.
El otro hecho de carácter
fortuito al que haremos referencia, fue decisivo para que San Nicolás
alcanzara su cima en lo que respecta a la producción y comercialización de
productos vitivinícolas: Entre los años 1945-1955 Mendoza se vio sumida en
una serie de desastres ecológicos que llevaron al fracaso las cosechas de
esos años. Esta circunstancia, como es lógico pensar, liberó una gran
cantidad de mercado que fue rápidamente capturado por los bodegueros
nicoleños.
Comienzan los problemas
No obstante, los años
dorados estaban llegando a su fin para los trabajadores del vino de la
ciudad de San Nicolás. En un estudio sobre la industria vitivinícola
Argentina realizado por el Ing. A. E. Bunge, quien cumplía funciones como
asesor financiero de los industriales de Mendoza y publicado en la Revista
de Economía Argentina en 1929, se anunciaba un cambio radical y una
búsqueda para solucionar la crisis vitivinícola que se sucedía en el
mundo, de la que nuestro país no estaba exento.
El informe contenía tres
partes, correspondiendo las dos primeras al problema financiero de la
industria, las soluciones aconsejadas por el asesor, estatutos de la
sociedad constituida, gestiones ante los poderes públicos a favor de la
industria, etc.
A nuestra consideración, de
los puntos señalados por el Ing. Bunge, los más importantes para el
presente trabajo son:
-
Necesidad de perfeccionar y
ampliar las informaciones económicas y estadísticas nacionales,
provinciales y gremiales sobre la industria vitivinícola del país.
-
Problemas de infraconsumo
durante el año 1929, a causa de la desconfianza del consumidor, nacida a
su vez de una publicidad espectacular, en la cual se exageraban fraudes
y adulteraciones, y según Bunge, si bien habían existido, se dieron en
pequeña escala, particularmente en 1917 cuando la helada disminuyó
apreciablemente la producción de uva de la provincia.
-
Reconquistar la confianza
pública a través de dos medios: 1) Organizando una enérgica y leal
vigilancia, dentro y fuera de la provincia de la pureza del producto.
Tanto durante su elaboración como en la forma de su expendio al
consumidor 2) Una amplia propaganda educativa a favor del consumo del
buen vino.
-
Necesidad de tratar de
contener el aumento de la producción debida a que en la Argentina la
producción del vino se lanzaba al mercado casi en su totalidad sin
estacionamiento. Era necesario, según el autor en consideración, crear
de inmediato una fuerte reserva para el añejamiento y así la
subsiguiente mejora y la valorización del vino argentino, colocándolo en
pocos años entre los mejores del mundo.
A las claras están la
preocupación que aquejaba a los productores vitivinícolas de la región de
Cuyo y la fuerte ofensiva que se estaba preparando para competir de
cualquier manera contra las demás zonas productoras de vino de la
Argentina. apoyándose fuertemente sobre el Instituto de Vitivinicultura de
la Nación, instituto que funcionaba como el brazo de hierro de los
productores cuyanos, principalmente mendocinos.
En el capitulo titulado “Producción
de vino fuera de las provincias vitivinícolas con uva de cuyo”, dentro
del trabajo que estamos analizando, queda señalada la real preocupación
de los cuyanos.
Bunge señala que en los
últimos años se había notado un aumento en la exportación de uva de vino
de Mendoza y San Juan a distintos puntos de la República y en particular a
Capital Federal y a la provincia de Buenos Aires, uva que se destinaba a
producir vino en bodegas generalmente deficientes.
Para los bodegueros cuyanos,
este hecho era muy desfavorable para la industria, ya que sostenían que el
mayor inconveniente consistía en que esta industria era en la práctica
poco menos que clandestina, por cuanto la producción resultaba difícil de
vigilar y era, además, realizada generalmente por gente poco experta, con
elementos inapropiados, todo lo cual actuaba en descrédito del
producto nacional.
Los bodegueros se defienden
En
el desarrollo de esta investigación varios bodegueros que realizaban sus
actividades dentro de la ciudad de San Nicolás han sido interrogados. La
mayoría coincide en marcar fuertes cambios a partir 1948, caracterizados
por las reiteradas visitas del personal de inspección del Instituto
Nacional de Vitivinicultura. El señor Malizzia, bodeguero de la ciudad,
hace referencia a las inesperadas y constantes llegadas del
personal de inspección, orientando los controles sobre la composición
química del vino. Este bodeguero expresa su indignación por estas
repetidas e intempestivas inspecciones que eran atraídas, según su
interpretación, por las diferentes leyendas que se creaban en torno
a la producción del vino. Una de ellas, nos dice, tenía que ver con el
rumor que se corría en el momento de que se le echaba al vino cuero de
vaca, ya que el cuero al mojarse despide una sustancia que le daría el
color deseado.
El señor Del
Vechio, que como ya se dijo cumplía funciones de enólogo, asegura que
mediante la persecución el Instituto de Vitivinicultura (el cual
era y es un ente autárquico manejado por bodegueros mendocinos) llevó
adelante un plan sistemático de desprestigio y hostigamiento que termino
por agotar a los bodegueros nicoleños.
En el análisis
de los archivos de la bodega de Manuel Costa e Hijos SRL, que
comercializaba sus productos con la marca registrada ¨El Guapo¨. Es
posible observar una gran cantidad de certificados de inspecciones y
multas.
Curiosamente, a
cada multa se anexa una nota o certificado que desliga o absuelve
aclarando la inocencia sobre la infracción cometida, siempre luego de
transcurrido un período de tiempo significativo para lo que es la
producción del vino.
A continuación,
un ejemplo de lo antes dicho: dos de los inspectores del Instituto
Nacional de Vitivinicultura eran Atilio R. Abadia y A. Saporiti. En una de
sus inspecciones, a la bodega mencionada, según consta en el acta,
hallaron una anomalía, siendo ésta de 50 litros de ácido sulfúrico,
sustancia tóxica que según los inspectores hacía peligrar la producción
del vino, y la cual se poseía con clara intencionalidad.
El señor
Gerónimo Vigo, electricista, contesta el escrito (elevando también un
acta) en representación de Manuel Costa, que denuncia a los inspectores
ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura acusándolos de tener una:
[...] actitud que nos parece arbitraria, optamos por labrar el acta
y obligar a la firma de la misma, A nuestro socio Sr. Néstor Costa, pese a
la disconformidad expresada por el mismo, al
carácter de intencionado que se le intenta calificar al hallazgo,
desnaturalizando su especifica utilización... [...]
No
hay dudas sobre el peligro de esta sustancia en las cercanías del vino.
Está estipulado en él articulo 20 de la ley 14878, que expresa que se debe
mantener los productos no autorizados (como el ácido sulfúrico) en
locales aparte donde no perturbe la elaboración y el fraccionamiento del
vino. En el acta levantada por los inspectores se expresaba que la
sustancia se encontraba en la usina proveedora de energía a la bodega y el
Señor Vigo contesta diciendo:
[...] el producto denunciado que fue hallado en
el ambiente que no es el de la bodega ni el de fraccionamiento, sino,
donde se halla instalada la "usina" que provee e energía a la bodega y
demás dependencia de nuestro establecimiento.
Esa sola referencia, es de por sí concluyente,
para admitir que en modo alguno se ha infringido el articulo 20 de la ley
14878 y consecuentemente, pose de relieve la total inconsistencia e
inoperancia del acta labrada...[...]
Finalmente el señor Vigo termina explicando la finalidad de la presencia
de la sustancia y demostrando su responsabilidad:
[...] declaro formalmente: que los tres
recipientes con un contenido total de cincuenta litros de ácido sulfúrico
hallados en el interior del local destinado a usina en el establecimiento
de propiedad de los señores Costa hs. SRL por el personal del Instituto
Nacional de Vitivinicultura, es de mi exclusiva propiedad según lo
acredito con la factura de compra que acompaño a la presente.
Con cargo de oportuna devolución y fueron
llevados por el subscripto con el fin de ser utilizados en la reparación y
restauración de ese elemento de imprescindible necesidad en los bazos de
baterías del grupo electrógeno, cuya tarea, se halla en el momento, en
plena ejecución. Dejo en constancia que la utilización del ácido sulfúrico
en insustituible en las referidas reparaciones y en consecuencia, su uso,
de mi parte, en mi condición de profesional especializado de tales
trabajos es casi diario... [...]
Este
es uno de los ejemplos de inspecciones que se realizaban diariamente en
las bodegas nicoleñas que provocaban la indignación de los productores
vitivinícolas en la región.
El
señor Malizzia, ya citado, nos habló de presión y vinculación de los
inspectores y miembros jerárquicos del Instituto Nacional de
Vitivinicultura con el grupo de bodegueros de la región de Cuyo,
principalmente bodegueros de Mendoza.
Los
actas levantadas, como las del ejemplo anterior, no tenían sustento legal
y por momentos resultaban contradictorias, afectando la producción del
vino.
Uno de los
obreros que ha pasado por varias de las bodegas nicoleñas es el señor
Miguel Giandinoto -ex empleado de Malizzia, Ponte y Angélico, tres
importantes bodegueros de la región- cuenta que la producción se
realizaba por la madrugada. Para evitar las interrupciones constantes, el
trabajo comenzaba entre las 23:00 y 23:30 horas y solía terminar cerca de
las 05:00 horas. Durante el proceso fabricación del vino, uno de los
empleados tenia la función de observar si algún patrullero pasaba (ya que
era frecuente ver patrulleros transitando) si se apreciaba alguno, de
manera urgente se apagaban las luces y paraban los motores con el fin de
evitar cruces con la policía, que se dirigían a la brevedad a los
inspectores que siempre encontraban algo que no les gustaba y les
servía de excusa para parar la producción o clausurar por unos días la
bodega, con los perjuicios que ello ocasionaba, ya que no debemos olvidar
que esta producción es temporal y estacional, no constante.
Dentro de este
contexto es claro que el hartazgo de los bodegueros iba en crecimiento.
Uno de los temas más urticantes y que tantas controversias y mitos ha
generado, es sobre el agregado de azúcar en el vino con el fin de elevar
así su graduación alcohólica.
Dos posiciones
se enfrentaban fuertemente en lo que se refiere a este tema. Por un lado,
el Instituto de Vitivinicultura aseguraba que el agregado de azúcar
significaba una importante adulteración del producto y por lo tanto lo
hacia inapropiado y peligroso para el consumo humano.
Esta posición
fue fuertemente respaldada por leyes que buscaban las restricciones en la
comercialización de edulcorantes, de esta manera la Ley 2532 del 13/01/57
titulada “Contralor de la tendencia y comercialización de edulcorantes
artificiales” establecía en el primer artículo:
“Todo
introductor, productor, comerciante, manipulador o tenedor por cualquier
motivo de azúcar, melaza, glucosa, miel, pasas de uva u otros edulcorantes
artificiales o naturales, deberá estar inscripto en el Registro especial
que lleva la Dirección de industrias y fomento agropecuario”.
Este articulo dejaba a las
claras la intención de restringir la comercialización de edulcorantes a
través de un fuerte control. De esta manera las inspecciones buscaban y
cuando podían encontrar, multaban a los bodegueros por la posesión de
edulcorantes de cualquier origen lo que le daba un amplio espectro para
realizar las multas.
La misma ley en el Art. 3
buscaba la regulación del transporte de los edulcorantes estableciendo
que:
“Los propietarios de
camiones o empresas que transporten estos productos, como a si mismo las
personas que los introduzcan, utilizando el ferrocarril deberán;
a)
Inscribirse en el Registro que llevara la Dirección de Industrias y
fomento agropecuario para obtener el permiso necesario.
b)
Obtener para cada viaje un permiso del producto que transportara
...
c)
Transportar la mercadería en forma que se permita la fácil
identificación...”.
El artículo anterior
limitaba y regulaba el transporte de los edulcorantes dejando en manos de
un grupo reducido y seleccionado el transporte de los mismos.
El artículo siguiente cierra
el círculo de las restricciones tendientes a buscar un control absoluto
sobre la comercialización de edulcorantes estableciendo lo siguiente:
“Los comerciantes
minoristas que expendan azúcar exclusivamente a partir del 3 de noviembre
de 1957 no expenderán la cantidad mayor a 5 bolsas semanales”.
Por último el artículo 6
expresa claramente la intencionalidad real del Instituto de
Vitivinicultura;
“Está prohibido a los
elaboradores, fraccionadores o depositarios de vinos la tenencia de
azúcar, melaza, glucosa, miel, pasas de uva y otros edulcorantes
artificiales o naturales, o cualquier otro producto que sirva para la
adulteración o elaboración de sustitutos del vino, que no sean de uso
corriente en la practica enológica.”
En el artículo 17 se indican
las multas que se aplicaban en caso de cometer algún tipo de infracción
siendo los productos decomisados y aplicando una fuerte multa al supuesto
infractor.
Con todo lo visto se da la
formalización de los reclamos realizados por el Ing. Bunge en el informe,
antes analizado, buscando beneficios para los productores de la zona de
Cuyo.
La estocada final para los
productores nicoleños se concreta cuando se establecen como mínimo
necesario para la comercialización una graduación alcohólica de no menos
de 12 grados.
El ya citado señor Del Vechio
nos muestra la otra cara de la moneda .Según sus expresiones, desde
Mendoza se bajaba una línea errónea respecto de que los vinos debían tener
un alto contenido de alcohol, siendo éste de unos 12- 12,50 grados. Por el
contrario los vinos de San Nicolás eran de 9 a 10,50 en años de mucho
calor.
La posición de los bodegueros
mendocinos estaba fundamentada en la importancia del alcohol para evitar
posibles contaminantes ya que el alcohol elimina los gérmenes.
No obstante, Del Vecchio
afirma que la calidad del vino no está dada por la graduación alcohólica
sino por el gusto, el olor y el sabor frutado, agregando también que los
mejores vinos del mundo elaborados en Francia no alcanzan nunca una
graduación mayor a los 11,50 grados de alcohol.
Este último dato se debe de
tener en cuenta debido a que actualmente Mendoza produce y comercializa
vinos de no más de 11,50” lo que pone de relieve la intencionalidad del
pasado en cuestión.
Todos los bodegueros
entrevistados coinciden en que cuando el Instituto de Vitivinicultura
comenzó a exigir vinos de más de 12 grados se tuvo que hacer madurar mucho
la uva para poder lograr esa graduación.
No obstante, el cambio
climático progresivo generó índices mayores de precipitaciones, por lo
que en algunas cosechas era necesario el agregado de azúcar, prohibido
como ya hemos visto, para poder alcanzar los índices de graduación
alcohólica exigidos para la comercialización.
Aún a sabiendas que esta
actitud era pasible de infracciones, los bodegueros nicoleños defendían su
posición, sustentada en la falsedad de que el agregado de azúcar
significaba una adulteración, ya que ésta no es un agente extraño o
químico sino un producto natural. Citaban ejemplos de otros países donde
en ese mismo momento el agregado de edulcorantes naturales estaba
permitido y regulado. Los ejemplos eran Francia o Brasil donde se
autorizaba a realizar dos litros de vino con un kilo de uva.
Otro punto esgrimido por los
bodegueros mendocinos era la mala calidad de los vinos nicoleños. Este
punto era refutado con firmeza por los productores nicoleños que sostenían
que en realidad los fraccionadores de Buenos Aires favorecían al
desprestigio de los vinos nicoleños, al comprar vinos de Mendoza de unos
12 grados y vinos de San Nicolás a 10 grados, y realizar maniobras
fraudulentas al agregar agua al vino de Mendoza y venderlo con el análisis
de los vinos nicoleños. Obviamente, obtenían así ganancias ilícitas.
Lamentablemente el Instituto
enfocó todo el control sobre San Nicolás y en absoluto sobre los
fraccionadores. Esta acción tomó mucha más fuerza con la caída de del Pte.
Perón en manos de La Revolución Libertadora, que trajo consigo una
persecución mucho mas encarnizada al punto tal que todos los bodegueros de
la ciudad de San Nicolás fueron encarcelados acusados de adulteración del
vino.
Los bodegueros nicoleños
veían como perdían en una lucha desigual y poco podía hacer La Cooperativa
de Vitivinicultores de la ciudad de San Nicolás contra la estructura del
Instituto de Vitivinicultura manejado por los bodegueros Mendocinos.
El fin de la actividad
vitivinícola en la zona estaba cada vez más cerca.
Conclusión
En
los anuarios proporcionados por el Museo y archivo histórico Municipal de
San Nicolás, en una de las notas escritas por el periodista Saúl O. De
Campomar, se muestra el orgullo que tenían en la ciudad por el desarrollo
que presentaba hacia 1931 el cultivo de frutas y la producción
vitivinícola.
Era de
gran importancia para los dueños de quintas y bodegas integrar el anuario
y demostrar sus posesiones y producciones.
También los periodistas a la hora de describir la zona demostraban
satisfacción por pertenecer a esta región y lo reflejaban en sus notas.
Campomar, describía características que hacían de la zona favorable para
estas actividades.
Entre
estas consideraciones informaba con agrado que la ciudad de San Nicolás
era un lugar ventajoso para el cultivo frutal, ya que no existían
problemas con la subdivisión de la tierra, al ser uno de los más reducidos
y ricos de la provincia con 66.566 hectáreas de extensión. Hacia también
referencia a la esforzada labor de su progresista población rural, que
había logrado el prodigio de multiplicar en pequeñas parcelas las tierras
cultivadas, intensificando así la producción. Más de quinientas quintas,
cuya extensión variaba entre las 10 y 20 hectáreas rodeaban a modo de
cinturón semicircular del centro urbano. Se disfrutaba así de panoramas
envidiables, en las quintas donde se explotaba en gran escala la
fruticultura y en proporción no menor la vitivinicultura.
Un
detalle importante que brinda este anuario es que el 80% de esas quintas
eran propiedad de sus cultivadores
El
comienzo de la población frutal comprendía entre el Hospital Regional y el
colegio Don Bosco, a ambos lados de la calle ancha (haciendo referencia a
la actual Avenida General Savio). A esta zona le siguieron las demás
quintas que habían poblado las hectáreas vírgenes. La zona comprendía
entre el Río Paraná, la línea del Ferrocarril que iba a Pergamino (línea
hoy extinta pero que aún conserva los rieles y durmientes, la salida de
este tren se daba en lo que hoy es la E.E.T. 3, actual calle Alem y
España) y el camino que arranca de la calle ancha (Av. Savio) a la altura
de la antigua destilería, hasta mas allá de la línea del ferrocarril Mitre
(sabemos hoy que hasta 1970 la línea llego hasta lo que hoy es la
Autopista o Ruta Nacional 9).
Es
necesario tener en cuenta el desarrollo de las quintas pues los hombres de
la fruticultura fueron los que se interesaron en la vitivinicultura
priorizando como cultivo la vid. El periodista expresaba que, estos
hombres oriundos de tierras vitivinícolas, intentaron fabricar el vino
indispensable para el consumo particular. Ensayaban la plantación en
pequeña escala de diversas especies muchas de ellas traídas de la montaña
de Génova y Piamonte. Uno de los innovadores mas reconocido era Don Carlos
Cámpora que en 1886 introdujo el tipo de vid francesa Pinot de Burdeos
que por su aclimatación y rendimiento se adecuó a esta zona.
El
periodista expresa que en la época (1931) se cultivaban más de 1000 (mil)
hectáreas de viñas, convenientemente fraccionadas, con un promedio de 3
(tres) hectáreas por quinta. Resalta además que no reúne la zona las
condiciones especiales, en cuanto al clima, pero el suelo es muy bueno. De
esta manera lo que empezó por se una modesta elaboración de consumo
privado, se había transformado en industria floreciente.
En
1931 existían 4 bodegas permanentes y 319 de elaboración única, llegando a
elaborar en 1931 la suma de 3.456.00 litros, que al precio de esa época
de 25 centavos hacían la suma de $850.000. Esta suma se acrecentaría con
el paso del tiempo, perturbando la tranquilidad de los grupos
oligárquicos regionales productores de vino de nuestro país. El señor
Campomar resalta el esfuerzo de los bodegueros por tratar de extender sus
viñedos y mejorar la calidad del producto, para orientar la
industrialización dentro de los sistemas racionales y científicos.
El
crecimiento de esta actividad fue tan rápido que a fines de 1931 se crea
La Bodega modelo en cooperativa. En el mencionado artículo se elogia la
creación de la misma por tan noble preocupación por progresar de los
productores.
De
esta manera los productores lograron disipar las inevitables desconfianzas
que existían en el inicio de una actividad que no parecía acorde con las
condiciones geográficas de la zona y conscientes de que las bodeguitas
rudimentarias eran insuficientes aceptaron con entusiasmo y convicción los
beneficios de aquella obra colectiva.
El
empuje y la decisión de aquel momento por este negocio que crecía a pasos
agigantados hizo reflexionar y ver hacia el futuro. Tanto es así que el
periodista Saúl Campomar textualmente expresó en 1932:
[...] una escuela practica de vitivinicultura y
enología habrían de completar en la zona la eficiencia de todos estos
esfuerzos aislados. Quedaría así asegurado el porvenir vitivinícola de la
región, ya que la orientación técnica debidamente aprovechada por los
interesados, subsanaría errores de cultivo, sistematizaría los
tratamientos contra las enfermedades y afianzaría la inquietud existente
por conocer y aprovechar conocimientos indispensables en la mejor
elaboración del vino. Y tendríamos, a la vez, sanción oficial, la
gratitud de un pueblo reconocido.
A la obra silenciosa, tesonera y fecunda de los
modestos propulsores iniciales de la más importante industria nicoleña.
Las
diferentes características de la región, como se pudo ver, favorecieron
notoriamente el desarrollo de la industria del vino.
La
comarca nicoleña se consolidó como un emporio frutal y llevó de la mano
la industria del vino, que en un primer momento tenía como fin, el
consumo personal.
Como
pudo observarse en todo el camino recorrido en esta investigación el gran
impacto que tuvo esta actividad, convirtió a una ciudad exclusivamente
agro-ganadera en una ciudad productora, una ciudad industrial, brillando
en su esplendor la vitivinicultura.
Hoy
estamos en condiciones de afirmar que los primeros pasos en la industria
de nuestra ciudad se dieron con la vitivinicultura, teniendo su despegue
en 1931 cuando el movimiento cooperativo existe, nace, para el bien común.
La
tierra o el edificio que se adquiría se transformaban en propiedad común
de los miembros. Toda economía en la fabricación y distribución y todo
adelanto en la eficiencia o mejoramiento de la técnica, beneficiaba a la
totalidad de los miembros, en vez de ser exclusivos de una persona o
clase.
En
1931 había consenso respecto de la necesidad de elevar el nivel de la
producción del vino pues la demanda era mucha y aumentaba.
Anuarios de la época aseguran que bajo ese impulso fuerte y decidido no
cabría otra cosa que el triunfo inmediato. Y el impulso quedaría
reflejado en la construcción de las grandes bodegas comunales y la llegada
de maquinarias.
Es
bueno tomar de manera textual las palabras utilizadas por el directorio de
la cooperativa, a fin de observar las expectativas y las ganas de
optimizar la actividad:
[...] para obtener mayor rinde de nuestra
maquinaria resolvimos, después de un prolijo estudio y aprovechando la
experiencia adquirida con la práctica, hacer un cambio fundamental en la
colocación de las presas hidráulicas, ampliando su local y dotándolos de
una más completa red. Se incorporó también una presa continua que se hacia
indispensable para el mayor rinde de las hidráulicas, calculándose que el
beneficio que ella reporta cubrirá bien pronto su costo... [...] se amplió
el número de bombas de trasiegos, la construcción del local para la
tonería, el lavadero de cascos... [...]
La cooperativa agraria. Anuario 1931. Página
70.
En
el mismo anuario afirma el crecimiento continuo del grupo de consumidores
y su demanda. Entonces ¿cómo podemos no imaginar una mano negra en
la decadencia de una industria que crecía a pasos agigantados?
No hay
relato en esta investigación, ya sea bodeguero o empleado, que no implique
un trasfondo oscuro en el final de tan floreciente industria.
Los
productores nicoleños acusan directamente a grupos mendocinos de influir
en la justicia nacional, y a través de ella, en la regional. Sin embargo,
no dejan de hacer notar que no toda la culpa del final se le puede
atribuir a una sola causa, sino más bien que se generó un fenómeno de
multiplicidad de causas que determino el fin de la actividad vitivinícola.
Una de ellas fue un cambio climático progresivo que generaba inviernos
menos fríos y más llovedores así como veranos suaves. Estos factores
climáticos no eran propicios para la producción de la vid.
Por
otro lado, la constante urbanización e industrialización de la ciudad
reducía los espacios necesarios para la producción, siendo prácticamente
imposible generar nuevos viñedos, debido a los costos y el tiempo que
toma la planta de vid en poder ser productiva. Y por ultimo, y no menos
importante, al contrario, las políticas de persecución que obstaculizaban
que la actividad pudiera desenvolverse con normalidad.
Todavía hoy
a pesar de tantos años transcurridos y tantos acontecimientos sufridos
posteriormente, estos ancianos muestran toda su indignación, pues
cada una de sus arrugas fueron talladas no solo por el tiempo vivido, sino
también por el sacrificio que significa formar una familia, un negocio
productivo y cooperativo , una nueva vida a puro pulmón, en muchos casos
lejos de su tierra natal, habiendo adoptado el nuevo lugar y sintiéndolo
suyo, haciendo de él un sector floreciente de la economía nacional, sin
más capital que sus manos y su voluntad. Ellos lo lograron y hoy, casi un
siglo después su tercera generación, lo refleja en esta investigación,
para no olvidarnos que somos futuro gracias a su historia.
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